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11 Mar 2022 - 5:30 a. m.

No haga más el oso, presidente

“Las banderas de Estados Unidos y Venezuela se veían bonitas, unidas”, afirmó el presidente Nicolás Maduro, a propósito de la reunión que sostuvo hace una semana con los delegados del presidente Joe Biden, Juan González, asesor de la Casa Blanca, y James Story, embajador de EE. UU. en Venezuela, quien reside en Bogotá. “Yo podría calificar (la reunión) de respetuosa, cordial, muy diplomática”, agregó el mandatario venezolano, a quien acompañaron en el encuentro su esposa y la vicepresidenta, Delcy Rodríguez.

Por su parte, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que en el encuentro se abordaron “una variedad de temas”, que incluyen la seguridad energética y la salud de los norteamericanos detenidos en Venezuela.

Un par de días después, Venezuela liberó a dos prisioneros estadounidenses en ese país. La liberación de los presos es considerada por EE. UU. un punto clave en el camino de la mejoría de las relaciones entre ambas naciones.

De modo que esa mejoría ya comenzó, impulsada, paradójicamente, por la invasión de Rusia a Ucrania y por la necesidad que tiene EE. UU. de abastecerse de petróleo en otros mercados.

¿Pero, en realidad, qué significa la reunión entre Maduro y los enviados de Biden? Pues nada más y nada menos que EE. UU., de hecho, ha reconocido a Maduro como el presidente de Venezuela. ¿Y en qué queda Juan Guaidó? El pobre queda en nada: sin poder, sin respaldo y limitado a hacer el ridículo.

Lo peor es que el ridículo no lo hace solamente Guaidó. Lo ha hecho también Colombia desde comienzos del 2019, cuando el presidente Duque, convencido de que la caída del dictador se produciría en cuestión de días, lideró con el gobierno de Trump y con Guaidó la fracasada “invasión” de camiones con “ayuda humanitaria” a Venezuela, dizque para tumbar a Maduro. Pero ese oso no le bastó a Duque. Él siguió haciendo el ridículo después, cuando anunció que era al supuesto presidente Guaidó, y no a Maduro, a quien le iba a pedir en extradición a la exparlamentaria Aida Merlano, con la intención evidente de que no la extraditen para que no delate ante la justicia a sus cómplices y mentores.

Sin embargo, el manejo que Duque ha dado a las relaciones con Venezuela no es solo ridículo. Es también muy equivocado, porque ha logrado exacerbar la rabia de Maduro contra Colombia. Ello tiene el efecto de que el venezolano proteja con muchas más ganas y descaro a los miembros del Eln y de las disidencias de las Farc que están en su territorio. Además, ese manejo torpe de las relaciones con Venezuela les ha dificultado mucho la vida a los miles de personas que viven en un lado de la frontera y trabajan en el otro, y a los niños que habitan en un país y estudian en el vecino.

¿Será que Duque entrará en razón cuando se intensifiquen los diálogos entre Biden y Maduro? Soñar no cuesta nada…

Por esa misma razón anhelo, también, que el domingo derrotemos la compra de votos y elijamos un Congreso que trabaje por Colombia, y aspiro a que las coaliciones que prometen el cambio salgan fortalecidas, pues este país no resiste más de lo mismo.

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Que las Águilas Negras (señores de los organismos de inteligencia, ¿de casualidad ustedes saben quiénes las componen?) amenacen a los magistrados de la Corte Constitucional que votaron a favor de la despenalización del aborto es un hecho de gravedad extrema, que debe ser repudiado por todo el país y toda la institucionalidad, empezando por el propio presidente de la República. Así le sepa a cacho…

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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