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Obama y Araújo

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Patricia Lara Salive
02 de octubre de 2009 - 03:06 a. m.
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ALGO HA CAMBIADO CON OBAMA: YA en la puerta del avión en New Wark no me esperan dos guardias, como en la era de Bush, sino que los acompaña un supervisor.

Ya no estampan en tinta negra, sobre una tarjeta, las huellas de mis diez dedos, sino los graban en pantalla digital. Ya no me retienen dos horas, sino una. Ya no me examinan todos los papeles y fotocopian lo que les llama la atención (los planos del gallinero de la finca, el molde del zapato de mi nieta, los recibos de pago de mi carro y de un tratamiento antienvejecimiento) sino que copian las páginas de mi pasaporte con los sellos de entrada a los países. Ya un latino feúcho no me pregunta lo divino y lo humano, sino que me interroga un churrote joven, que va directo al grano: “¿Ud. fue candidata en su país?”. Sí, a la Vicepresidencia por el Polo Democrático. “¿Ahora está activa en política?”. No, aun cuando escribo columnas políticas. “¿Y por qué?” Porque me dedico a la literatura, acabo de publicar mi novela Hilo de sangre azul, me quedan unos quince años de vida útil y quiero tener tiempo para escribir cinco más. “¿Le gusta Obama?”. Me encanta, repuse.

Entonces me acompañó a la salida de la aduana, me despidió y, con nostalgia de no tener treinta años menos, por fin le dije adiós.

Sí, hay cambios con Obama…

* * *

Carta de Araújo

El ex senador Álvaro Araújo, procesado por parapolítica, me envió esta carta:

“Le escribo porque cuando la conocí usted me escuchó. Hoy que la Corte le quitó mi proceso a la juez, pido lo que cualquiera pediría: no ser juzgado sin ser escuchado.

Desde hace tres años he sostenido mi inocencia: nunca contemplé la opción de la sentencia anticipada porque mi única confesión es que no tengo nada que confesar. Mis ex colegas que tomaron esa vía, gozan de libertad hace más de un año.

No renuncié a mi condición de Senador para huir de la Corte, sino para que mi proceso fuera separado de los otros seis, ya que soy investigado por hechos diferentes e inconexos de los de ellos. Hoy, eso está demostrado: en la indagatoria se me imputaron delitos, pero nunca mencionaron los hechos, ni el lugar, ni el momento, ni la circunstancia de los mismos, ni nada de lo que pueda defenderme. Cuando se nos negaron pruebas y no se precisó de qué debía defenderme, me separé de ese proceso renunciando al Senado.

Sólo pude defenderme ante una juez el pasado Julio. Las acusaciones del fiscal delegado que pidió mi condena, se sustentaron en tres argumentos: 1. Que yo debía ser condenado porque al ser acusado del secuestro de Víctor Ochoa, se demostraba el concierto para delinquir. Un mes después, el fiscal de segunda instancia me absolvió del secuestro, y se derrumbó el argumento. 2. Según el fiscal, la condena de la Corte contra Mauricio Pimiento inducía a que “ante un mismo hecho debía aplicarse la misma razón de derecho”, por lo tanto yo también debía ser condenado. La Procuraduría demostró que el caso de Pimiento es diferente al mío, y la defensa también lo hizo. 3. Todas las condenas en Magdalena y Cesar, aluden a la existencia de parejas electorales de Senador y Representante. Eso demuestra mi inocencia, ya que mi compañero a la Cámara, Miguel Durán, fue absuelto por los mismos hechos que me imputan.

Le imploro a la Corte que designe un Magistrado Titular para que estudie mi caso y que me dé la oportunidad de demostrar mi inocencia. ¡Ruego ser escuchado!”.

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