El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Para que la miel de la creación se pegue

Patricia Lara Salive

10 de febrero de 2009 - 10:30 p. m.

— SI ANDAS CON BORRACHOS LO PRObable es que comience a gustarte el traguito; y si estás en contacto con creadores lo posible es que se te dispare la creatividad—, dice Heriberto Fiorillo, un periodista que luego de ser en Bogotá director de noticieros de televisión y de saborear las mieles del estrellato, tomó la brillante decisión de irse con Claudia Muñoz, su cómplice y madre de sus hijos, a vivir a su Barranquilla y, desde hace cinco años, se inventó y dirige La Cueva, una fundación que irradia cultura y que acaba de clausurar el III Carnaval de las Artes y el primer ¡Fantástico!, un carnavalito de las artes para niños.

PUBLICIDAD

El invento surgió hace tres años, cuando a Fiorillo y a uno de los motores de La Cueva, Antonio Celia, presidente de Promigas, quien con otros empresarios compone la junta directiva de esa fundación, se les metió en la cabeza que Barranquilla, la capital del Caribe colombiano, no podía resignarse a que apenas le llegaran las sobras de los eventos culturales que tienen lugar en Cartagena, comenzando con el Festival de Música, que durante una semana, a partir del primer puente de enero, congrega a figuras destacadas de la música clásica, y siguiendo con el Hay Festival, que a finales del mismo mes reune a escritores y poetas del mundo que dialogan sobre su oficio ante un público ávido de acercarse a ellos. Entonces, movido por la idea de que el carnaval reúne a todos los barranquilleros, sin distingos de clases ni de edades, y que en él se reflejan todas las artes (la música, la danza, la escultura, la arquitectura, la pintura, el teatro, la literatura, la poesía, el cine), Fiorillo se inventó el Carnaval de las Artes, un evento divertido y desacartonado donde tras el cristal de la burla y la sátira, tan esenciales al carnaval, se juntan creadores de distintas disciplinas y, en entrevistas realizadas por especialistas, le cuentan al público que colma las cerca de mil sillas del teatro Amira De la Rosa cómo crean, y le hacen una demostración de su arte.

Es así como Fiorillo diseñó esa fórmula que, en un ambiente encendido por los mejores disfraces del Carnaval de Barranquilla, mezcla la cultura de élite con la popular y logra la participación masiva de la gente que cada día concurre más a oír, por ejemplo, al escritor William Ospina hablar de su prosa y de su poesía, al boxeador el Último Sugar Ramos contarle al cronista Alberto Salcedo cómo mató en el ring sin querer matarlos a un par de contendores; a Gonzalo Mallarino, Pablus Gallinazo, Roberto Rubiano y Ramón Illán Bacca hablar del cuento y la novela; a Fiorillo presentar su libro de cuentos El Hombre que murió en el bar; a Juan Gossaín hacer reír al revelar qué es lo bueno de las malas palabras; a Blick Bassy transmitir la maravilla de la música de Camerún; a Luis Kalaff y Johnny Pacheco mostrar su vida y su música; a Gerald Martin hablar de su biografía de Gabo; y a Eduardo y Andrés Cabas interpretar juntos las canciones del padre y del hijo, para concluir en una jam session de grandes de la música cubana, y en un baile de carnaval en el que Bush danza al lado del descabezado, y del garabato, y del congo grande, y del travesti, y del tigre de Bengala, y de María Moñito, y de la marimonda del Barrio de Abajo, y del diablo, y de la muerte. Porque el carnaval es eso, la antítesis de la muerte. Y el Carnaval de las Artes es la síntesis que contagia la creación. ¡Bravo, Fiorillo y La Cueva! ¡Y bravo, bravo, Barranquilla!

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.