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10 Jun 2022 - 5:30 a. m.

Por Rodolfo no voto

Yo por Rodolfo no voto, digo, parodiando a Sergio Fajardo.

No votaré por él porque me genera miedo y desconfianza. Me aterran su personalidad explosiva, su autoritarismo y su desprecio por la ley (“me limpio el culo con esa ley”, lo escuchamos decir en alguna grabación).

Según un psiquiatra a quien consulté, “el ingeniero tiene rasgos marcados de personalidad paranoide, narcisista, autoritaria y antisocial. Le gusta degradar, ridiculizar y menospreciar a los rivales y a los críticos; fomenta el culto al hombre poderoso que apela con frecuencia al miedo; no se disculpa nunca; no ve la necesidad de persuasión racional; subordina a las mujeres, mientras alega idealizarlas; desdeña las leyes cuando no están subordinadas a él; excusa la violencia y tiene explosiones de ira cuando se cuestionan sus criterios. Me preocupan mucho los rasgos sociopáticos del ingeniero”, concluye el psiquiatra.

A mí también. Me genera desconfianza que su solución para todo sea “acabar con los ladrones”. Obviamente es clave acabar con la corrupción, pero no todos nuestros problemas se explican por ella. Colombia está lejos de ser el país más corrupto. Aquí hay problemas mucho más graves, por ejemplo, la exclusión y la desigualdad. Como dijo Alejandro Gaviria, ese discurso anticorrupción, “eficaz, pero oportunista”, acaba con la confianza en las instituciones. Pero además tiene de fondo algo muy grave: encubre su propia corrupción o, por lo menos, su condescendencia con la corrupción de los suyos.

Según lo explicó Daniel Coronell, el ingeniero Hernández está a la espera de que se celebre la audiencia preparatoria del juicio en su contra por interés indebido en la celebración de contratos, delito que tiene una pena que oscila entre 64 meses y 27 años de cárcel. Si bien el contrato en cuestión no alcanzó a celebrarse ni Hernández ha sido condenado, el mero interés en su celebración constituiría un ilícito. Además, las pruebas que reposan en el expediente que reveló Daniel Coronell son dicientes sobre la intención que tenía el hijo del ingeniero, con el apoyo de su padre, entonces alcalde de Bucaramanga, de ganarse una jugosa comisión por un contrato de tratamiento de basuras que iba a costar cerca de $570.000 millones. En el escrito de acusación se imputa al ingeniero de ser el determinador, es decir, el autor intelectual del presunto delito, y de haberle ordenado a su subalterno José Manuel Barrera Arias, gerente de EMAB, que escogiera a Jorge Hernán Alarcón Ayala para que hiciera pliegos de condiciones a la medida de unos licitantes que después se llamarían Vitalogic.

En su informe, Daniel Coronell incluye comunicaciones de WhatsApp que revelan que Luis Carlos Hernández, hijo del ingeniero, iba a ganarse parte de una comisión de US$666.000 por el contrato. En uno de esos mensajes Luis Carlos agrega: “Acuérdese de que nos quedan tres años más para hacer cosas buenas. No es solo hacer este negocio y ya”.

¿Se imaginan, queridos lectores, la cantidad de “cosas buenas” que podría hacer Luis Carlos Hernández si su padre llegara a la Presidencia de la República?

Sobre todo lo anterior, el ingeniero no ha dicho mayor cosa. Eso es censurable.

Pero lo que es incomprensible es que, ante semejantes revelaciones, los candidatos del centro, que basaron sus campañas en la lucha contra la corrupción, hayan apoyado a Hernández y guarden silencio ante esos hechos. ¿Dónde quedaron las salvaguardas de la lucha anticorrupción?

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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