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¡Qué miedo, por Dios!

Patricia Lara Salive

28 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.

Ahora, según La Silla Vacía, la Casa de Nariño –y ya no el palacio de San Carlos– será la sede del despacho presidencial en Bogotá. Era lo lógico, porque ese lugar tiene las especificaciones para que, allí, el presidente y sus equipos puedan operar con eficiencia.

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¿Pero por qué se demoraron tanto en tomar esa decisión?

Porque en este Reino de Macondo la realidad desborda la ficción y, en esto, hay involucradas historias de brujería y el “asco” que el presidente le tiene a su antecesor, hasta el punto de que, según fuentes, él no quiere “tocar” nada que haya sido tocado por Petro y, por ese motivo, hasta ha rechazado sentarse en el inodoro del avión presidencial. Y en la Casa de Nariño han estado cambiando tapetes, deshaciéndose de colchones, en fin, de cuanto haya podido ser tocado por Petro. (¿Cuánto le cuesta eso al Estado? No sabemos).

Además, se comenta que de la Casa de Nariño también han retirado muñecos y amarradijos de brujería. Y, según altas fuentes de inteligencia consultadas, “el presidente De la Espriella es supersticioso y les tiene pánico a esas cosas” (blanco es, gallina lo pone) es muy probable que esa sea la razón por la cual se empeñó en que la Casa de Nariño fuera museo y no sede presidencial. Pero, como me dijo un expresidente, ese “es un absurdo sin ninguna justificación,” y la realidad, seguramente, obligó a De la Espriella a regresar a la lógica.

Sin embargo, la cacería de brujas no para ahí: según un informe de Cambio, de la periodista Ana Cuesta, el domingo 9 de agosto, dos días después de la posesión, por solicitud de la nueva ministra de Minas, María Nohemí Arboleda Arango, cuatro sacerdotes y un predicador fueron al ministerio. Entre ellos estaban el cura Robert León Rodríguez Severiche quien, en 2020, dijo en el diario La Prensa de Honduras que era exorcista, es decir, alguien que expulsa al demonio. Agregó que había intervenido contra “trabajos” de brujería y había participado en casos contra “entes invisibles” o “espíritus enviados por el diablo”. También hacía parte de la comitiva convocada por la ministra de Minas el obispo de El Banco, Magdalena, Dimas Acuña, único religioso en ingresar al ministerio. Estaba vestido de particular y con estola al cuello. Según Cambio, Acuña caminó una media hora por los pasillos acompañado por una de las nuevas funcionarias de confianza de la ministra y recorrió sobre todo el sexto piso donde, tradicionalmente, han despachado los ministros.

¿Qué hizo el obispo exactamente? No sabemos. Y ¿por qué no lo invitaron en un día hábil, cuando había trabajadores adentro?, pregunta Ana Cuesta.

Pero hay más vainas raras: según un trino de Yannai Kadamani, exministra de Petro, “llegaron a @mincultura echando sal en los escritorios, desechando artesanías de carnavales populares por “diabólicas” y protagonizando una auténtica danza de insubsistencias”.

El país ya había visto al presidente, el 1 de agosto, arrodillado junto a su esposa y sus ministros en Barranquilla, en una especie de retiros espirituales, encomendándole su gobierno a Dios, con los brazos levantados, meneándose lentamente y cantando, con los ojos cerrados, un cántico religioso, para terminar, seguramente, con el saludo militar y los gritos de “Todo por la Patria”, “Viva Cristo Rey”.

¡Qué miedo, por Dios!

Nota: esta columna reaparecerá en 15 días.

www.patricialarasalive.com

@patricialarasa

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