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GRACIAS A DIOS LA IGLESIA NO CESA su búsqueda de puertas que conduzcan a la paz.
Ahora, empujada por los obispos, la Comisión de Conciliación Nacional y su secretario general, el padre Darío Echeverry, convocó a un Acuerdo Nacional por la Paz y la Reconciliación, con la colaboración de las Comisiones de Conciliación Regional, los partidos y movimientos políticos, los sindicatos, los gremios, los militares y policías en retiro, las comunidades académicas, los medios de comunicación, las ONG y significativos sectores de la sociedad civil.
Se trata de que, desde la base y en las distintas regiones, la gente, mediante conversatorios y foros presenciales y virtuales, encuentre los puntos mínimos necesarios para establecer una cultura de paz, que surja de las respuestas que los convocados (que son muchos y muy significativos) les den a las siguientes preguntas:
“1. ¿Cuáles serían los mínimos de paz y de reconciliación que les exigiría a los gobernantes 2010-2014?
2. ¿Qué propuestas de largo plazo habría que implementar para tener un país en paz?
3. ¿Cómo ve el escenario social y político del país y de la región para hacer viables las anteriores propuestas?
4. ¿Qué compromisos asumen ustedes para avanzar en la construcción del Acuerdo Nacional por la paz y la reconciliación en esta región?”.
El propósito es que las soluciones que surjan de esa amplia consulta “sobrepasen las coyunturas políticas y no dependan de intereses particulares o de grupo; propicien el esclarecimiento de la verdad, preserven la memoria, ayuden a la reparación de las víctimas y tengan en consideración criterios de desarrollo humano y social sostenible para la construcción de una Nación en la que reine la justicia social”.
“Este gran consenso nacional para la construcción de una Colombia reconciliada y en paz —agrega la convocatoria— asume un marco ético en el que tengan espacio (…) la protección (…) de los derechos humanos; los principios de humanización del conflicto, la superación de cualquier tipo de exclusiones (…); la preservación de la soberanía nacional, de la unidad nacional y de la integridad territorial; el fortalecimiento de la democracia y del Estado de derecho; la renuncia a la violencia y el reconocimiento de que el uso de la fuerza no puede estar sino en cabeza exclusiva del Estado”. Ese consenso nacional “acoge la cooperación de la comunidad extranjera (…), bajo el principio de no-intervención”.
Ya se han realizado foros en un par de regiones y próximamente habrá conversatorios en Barranquilla, Bucaramanga, Popayán e Ibagué. También ha habido consultas con los partidos y sindicatos; con los académicos y directores de medios que han manifestado que, no obstante su cansancio con el tema, insistirán en él; y con los empresarios, quienes han anunciado que ayudarán metiéndose la mano al bolsillo.
La convocatoria también se les envió a las Farc y al Eln que, al parecer, han afirmado que aceptan realizar un gran acuerdo nacional, pero no en tiempos del presidente Uribe.
En todo caso, se espera tener las conclusiones en marzo, para presentárselas a los candidatos presidenciales y a los congresistas, de modo que las consideren en sus programas y en su agenda legislativa.
La idea es llegar a unos puntos mínimos para lograr la paz que tengan tal respaldo nacional, que nadie, ni el Gobierno, ni el Parlamento, ni los hombres en armas, puedan negarse a adherir a ellos.
El sueño es crear una cultura de la paz. ¡Enhorabuena!
