SE HA DESTERRADO LA ANTICUADA economía del vudú —la creencia en la magia de los recortes fiscales— del discurso civilizado. El culto al aspecto de la oferta se ha encogido al grado de que sólo incluye a maniáticos, charlatanes y republicanos.
Sin embargo, artículos periodísticos recientes indican que muchas personas influyentes, incluidos funcionarios de la Reserva Federal, reguladores bancarios y, posiblemente, miembros del gobierno entrante de Obama, se han convertido en devotos de un nuevo tipo de vudú: la creencia de que al realizar complicados rituales financieros podemos mantener andando a bancos muertos.
Para explicar el tema, voy a describir la posición de un banco hipotético, al que llamaré Gothamgroup o, para abreviar, Gotham (Nueva York).
En teoría, Gotham tiene un billón de dólares en activos y 1,9 billones de dólares en pasivos, de tal forma que tiene un valor neto de 100 mil millones de dólares. Sin embargo, una fracción sustancial de sus activos —por decir, un valor de 400 mil millones de dólares— son títulos respaldados por hipotecas y otro desperdicio tóxico. Si el banco tratara de vender esos activos, no obtendría más de 200 mil millones de dólares.
Así que Gotham es un banco zombi: aún opera pero la realidad es que ya quebró. Sus acciones no carecen totalmente de valor —aún tiene una capitalización en el mercado de 20 mil millones de dólares—, pero ese valor está basado completamente en la esperanza de que a sus accionistas los salve un rescate gubernamental.
¿Por qué debería el gobierno rescatar a Gotham? Porque tiene una función central en el sistema financiero. Cuando se permitió que Lehman quebrara, se congelaron los mercados financieros, y, por unas cuantas semanas, la economía mundial se tambaleó al borde del colapso. Dado que no queremos un desempeño repetido, se tiene que mantener funcionando a Gotham. Pero, ¿cómo se puede hacer eso?
Bueno, el gobierno podría simplemente darle un par de cientos de miles de millones de dólares, suficiente para que vuelva a ser solvente. Sin embargo, esto, claro, sería un enorme regalo para los actuales accionistas —y también alentaría a que se tomaran riesgos excesivos en el futuro—. No obstante, la posibilidad de dicho regalo es lo que ahora apoya el precio de las acciones de Gotham.
Un enfoque mejor sería hacer lo que el gobierno hizo con los ahorros y préstamos zombis a finales de los ochenta: confiscó los bancos difuntos, limpiando a fondo a los accionistas. Después, transfirió sus activos negativos a una institución especial, la Corporación Fiduciaria de Resolución; liquidó suficiente deuda de los bancos para hacerlos solventes y vendió los bancos ya arreglados a propietarios nuevos.
No obstante, los rumores actuales indican que los formuladores de las políticas no están dispuestos a adoptar ninguno de estos enfoques. En cambio, se dice que se mueven hacia uno de compromiso: cambiar el desperdicio tóxico de los saldos de los bancos privados a los “bancos malos” o “bancos agregados” de propiedad pública, lo que se parecería a la Corporación Fiduciaria de Resolución, pero sin confiscar los bancos primero.
Sheila Bair, presidenta de la Corporación Federal de Depósitos de Seguros, trató recientemente de explicar cómo funcionaría: “El banco agregado compraría los activos de valor justo”. Sin embargo, ¿qué significa “valor justo”?
En mi ejemplo, Gothamgroup es insolvente porque los supuestos 400 mil millones de dólares de desperdicio tóxico en sus libros realmente valen sólo 200 mil millones de dólares. La única forma en la que una adquisición gubernamental de ese desperdicio tóxico puede hacer que Gotham sea solvente otra vez es si el gobierno paga mucho más de lo que los compradores privados están dispuestos a ofrecer.
Ahora, quizá los compradores privados no estén dispuestos a pagar lo que en realidad vale el desperdicio tóxico: “Realmente, no tenemos ningún precio razonable establecido en este momento para algunas de estas categorías de activos”, dice Bair. Sin embargo, ¿debería ser negocio del gobierno declarar que sabe más que el mercado lo que valen los activos? Y, ¿es realmente factible que pagar un “valor justo”, cualquier cosa que signifique eso, sería suficiente para hacer que Gotham fuera solvente otra vez?
Lo que sospecho es que los diseñadores de las políticas —posiblemente sin darse cuenta— se están preparando para intentar un falso reclamo: una política que parezca la limpieza de los ahorros y préstamos, pero en la práctica se reduce a hacerles regalos enormes a los accionistas bancarios a expensas del contribuyente, disfrazada de compras a “valor justo” de activos tóxicos.
¿Por qué pasar por estas distorsiones? La respuesta parece ser que Washington sigue mortalmente temeroso de la palabra N: nacionalización. La verdad es que Gothamgroup y sus filiales ya son pabellones del Estado, totalmente dependientes del apoyo de los contribuyentes; pero nadie quiere reconocer el hecho e implementar la solución obvia: la absorción gubernamental explícita, aunque temporal. De ahí la popularidad del nuevo vudú, que afirma, como dije, que los elaborados rituales financieros pueden reanimar a los bancos muertos.
Desafortunadamente, el precio de esta retirada hacia la superstición podría ser alto. Espero equivocarme pero sospecho que los contribuyentes están a punto de que les den otro trato crudo, y que estamos a punto de obtener otro plan de rescate financiero que no funcione.
* Premio Nobel de Economía 2008, profesor en la Universidad de Princeton y columnista habitual de ‘The New York Times’.. 2009 - The New York Times News Service.