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Colombia o Petro

Pedro Viveros

03 de julio de 2023 - 09:00 p. m.

En las últimas elecciones municipales españolas los extremistas de derecha, representados por VOX, le dieron una “patada al tablero” político de la madre patria. A tal punto fue el sacudón que al presidente de gobierno. Pedro Sánchez, luego de leer los resultados regionales, le tocó llamar a elecciones anticipadas para el próximo 23 de julio. Los partidos del centro como Ciudadanos desparecieron del mapa electoral de ese país y la unión tácita entre el PP y VOX parece confirmar que un nuevo “fantasma recorre Europa”. Esta vez la ultraderecha.

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En Italia con la victoria de la ultraderechista y primera mujer primera ministra de esa nación, Giorgia Meloni, el discurso con propuestas como “sí a la familia natural, no a los grupos de presión LGTBI” o su petición para bloquear navalmente Libia y evitar los migrantes, revive antecedentes extremistas en un país que lucha de forma permanente para salir de las ideas fascistas. Pero siempre algunos sectores buscan un filón para abrevar en esas aguas de muy, pero muy, ingrata recordación. En este análisis, no hay que olvidar los resultados de la derechista francesa Marine Le Pen. Si bien no ganó, su partido Agrupación Nacional aumentó considerablemente sus votos comparados con el 2017. A tal punto fue la amenaza de esta consuetudinaria candidata presidencial, que en el debate entre ella y Emmanuel Macron en las anteriores elecciones presidenciales, quien a propósito hoy enfrenta una amenaza muy seria en su país, tuvo una frase laudatoria: “Si ella es elegida, podría provocar una guerra civil”. A esos niveles ha llegado el estrés ideológico en Europa. Si hoy Macron repensara esas palabras, por reflejo, tendríamos que revisar también la que describe el panorama español a días de las elecciones generales: “El 23 julio hay que elegir entre Sánchez o España”.

Tamaño sofisma recrean los partidarios de la derecha recalcitrante. Eso para no hablar de los avances de los fervientes de derecha en países como Finlandia o los nórdicos, que siempre se habían caracterizado por su trasegar dentro del ideario socialdemócrata que les permitió alcanzar índices de incomparables en calidad de vida y de sus democracias. Todo parece indicar que hay un cambio de ciclo.

Pero si por el viejo continente llueve por el vecindario no escampa. La llegada de Nayib Bukele y sus actuaciones extra constitucionales, aunque eficientes, lo han convertido en referente en materia política al punto que sus registros en las mediciones de opinión lo elevan a el 90 % de aprobación en la región y sus ideas contra la criminalidad y ataque a la institucionalidad son copiadas en todo el continente. La verdad es que hasta el momento en Sudamérica solo Paraguay, Uruguay y Ecuador son gobiernos de derecha y no han caído, por ahora, en manos de los ventarrones ultraderechistas, lo cual no significa que otras naciones con la premisa de salir de un estatismo trasnochado e ineficiente, salten al vacío de un anarquismo derechista como puede ser la encarnada en Javier Milei en Argentina o como ya sucedió con Jair Bolsonaro en Brasil.

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El desgaste de la fórmula del “Socialismo del Siglo XXI” con sus penosos resultados durante estos más de veinte años en el poder hace pensar que la arremetida contra las tendencias izquierdistas será el panorama que se avecina. Es por eso por lo que el presidente socialista brasileño Lula Da Silva convocó a una cumbre de países para tratar de encaminar la “narrativa” de sus aliados y poder fortalecer ese rincón ideológico que les va quedando.

A Colombia, como siempre, todo nos llega tarde, incluido el marchitado discurso de izquierda que parece se quedó con los recuerdos de los vigorosos años del chavismo y aun no se dan cuenta que, de esa Caracas de 1999 a hoy, esa ficción no trajo nada bueno. Ojalá la confundida derecha colombiana y el incompetente petrismo tengan la suficiente imaginación y eviten ponernos a escoger entre una inconveniente disyuntiva: “Colombia o Petro”.

@pedroviverost

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