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El “bullying” político, el verdadero cambio

Pedro Viveros

24 de agosto de 2023 - 09:00 p. m.

En la mayoría de las ciudades capitales del país lo que está primando a estas alturas de las elecciones regionales es el voto en blanco, no sabe/no responde. Es decir que la constante del debate electoral es la indecisión. Es sabido que, en estos tiempos de tanta información, frenesí de noticias y escepticismo partidista, los votantes deciden 48 horas antes del cierre de las urnas. Nadie lee los programas de gobierno de los aspirantes (ni ellos mismos). La inteligencia humana progresivamente quiere el cambio como norma, a veces hasta cambiar por cambiar. La razón es la más ausentista en una campaña moderna. Las sensaciones, las emociones y todo lo que sea contra sistema cala más que las ideologías, las banderías políticas o la sensatez. Hoy Petro y sus seguidores son también el régimen.

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Los colombianos pareciesen expresar que no se sienten representados. La oferta de más de 30 partidos no los satisface. Esa amplitud de opciones es el síntoma de la insatisfacción de los electores. Sienten que no quieren ser representados. Conciben que los elegidos anteriormente, con sus insensatas decisiones o con sus pasivas acciones legislativas, son su fastidio. Muy similar a lo que ocurre en el vecindario. En El Salvador optaron por tener a un autócrata que muchos quieren imitar. En Guatemala un presidente de izquierda desde que terminó la dictadura, en un país cuyo mayor referente en materia económica es el padre del neoliberalismo, premio Nobel de Economía, Friederick von Hayek. O la indescifrable figura de Javier Milei, ganador de las primarias obligatorias en Argentina, quien por primera vez podría romper con hegemonías como la de los peronistas y los antiperonistas. Podría registrarse la asombrosa decisión democrática en el sentido de que los peronistas no alcancen a pasar a la segunda vuelta por primera vez en su historia. Todos estos fenómenos son el cambio en sus países.

Los gritos que emite el presidente Gustavo Petro desde su celular cada momento sobre multiplicidad de temas e ideas electrizan a sus cada vez más menguados seguidores, alebrestan a sus opositores y alejan a los antiuribistas que le ayudaron a llegar a la Casa de Nariño. El petrismo ya no es percibido como sinónimo del cambio; son un gobierno cuyo ejercicio desgasta a velocidades inimaginables. Esto, unido a la incompetencia demostrada al no tener un “centro de gravedad” de la gestión gubernamental en estos primeros 12 meses en el poder, junto a la tormenta económica que se avecina debido al casi negativo crecimiento del país, inflación de dos dígitos y poca eficiencia del equipo del gobierno al momento de cumplir con los rubros presupuestales, están convirtiendo el próximo 29 de octubre en una especie de plebiscito entre candidatos petristas y antipetristas.

Lo más diciente es la evidente y cada vez mayor desidia, sobre todo de los jóvenes (decisivos en la elección del año pasado), en relación con la actividad pública o política. Tienen su mente en todo, menos en la campaña. No se sienten atraídos por el futuro colectivo de algo llamado Colombia. No atienden el llamado de las diferentes opciones. Su individualismo proverbial y sus aspiraciones mundanas los alejó casi por completo de la vida democrática. No sienten el fragor de la campaña. Les estorba. En campaña lo triste no ofrece victorias. Esta elección no tiene espacio para el slogan “Sin miedo de ser feliz”. Nadie interpreta el mundo que les va a tocar vivir.

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Por el contrario, todos los días vemos y oímos aspirantes que controvierten sus ásperos sentimientos. Se enfrentan entre ellos, alejados de cada kilómetro cuadrado donde habitan 50 millones de colombianos con la compañía de sus verdaderos sufrimientos. La pesadez que sienten los colombianos de los políticos va a lograr que vuelva a ganar la abstención y aumente el voto en blanco, sin que nadie mueva la pasión por un propósito diferente al de percibir el “bullying” de los políticos.

@pedroviverost

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