Publicidad

El virus que nos aceleró la vida

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Pedro Viveros
09 de marzo de 2021 - 03:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Hace un año el mundo tenía una velocidad en su desarrollo. Después de un virus, presumiblemente originario en la China, la rapidez de los eventos exigió desplegar en el planeta acciones inmediatas que, a la postre, permiten concluir lo que el científico de MIT, Andrew McAffe, define así: “Esto es lo que ocurre cuando la velocidad de cambio y la aceleración de la velocidad de cambio aumentan al mismo tiempo. ¡Y eso es solo el comienzo!”. El mundo de febrero de 2020 al del 2021 es otro. Un ejemplo: en esa fecha Colombia tenía un laboratorio para procesar pruebas COVID-19, hoy tiene 167. Esto nunca antes sucedió. Para algunos, es obra del presidente Iván Duque, para otros es la presión de una enfermedad invisible, sin fórmula de solución conocida, lo que obligó a concentrar no solo a Colombia sino al mundo en acelerar la evolución de temas inconclusos.

Los problemas viejos saltaron con garrocha la agenda pre 2020. Para muchos dirigentes tener que hablar de renta básica universal era un exabrupto inimaginable dentro del pensamiento liberal, sobre todo en materia económica. Pues bien, en Colombia el Estado tuvo que desembolsar, por medio de 11 pagos durante igual número de meses, $15,9 billones para proteger a las familias en esta monumental crisis luego de la creación (acelerada) del programa Ingreso Solidario. La madrugada del sábado pasado el Congreso de los Estados Unidos le aprobó a Joe Biden la ayuda más grande que algún gobierno le haya prestado a los norteamericanos en toda su historia para solventar un trance de esta envergadura. Está compuesta por sumas semanales para el bolsillo de los estadounidenses, aumento de ayudas permanentes a los desempleados y ayudas a hospitales rurales. La discusión radicó en evitar el sobrecalentamiento de la economía por el ingreso de recursos que ascienden a US$1,9 billones. Todo lo hizo a menos de dos meses en el poder.

Otra gran acelerada la conforma el hecho de tener en la actualidad a los políticos en trance electoral con un discurso más de expertos en epidemiología, teletrabajo, cambio climático que en caudillismos pre 2020. Ya es común oír a portavoces de izquierda, centro o derecha en cualquier rincón del mundo hablar de aumentar acceso a internet en zonas imposibilitadas para ello o elaborar propuestas de proyectos de ley para regular el trabajo remoto. En otras palabras, el “bicho” elevó el debate de la agenda pública para recordar que hay fracasos que se pueden reformular y convertir en posibilidades, ya no arcaicas, para mejorar la calidad de vida de los habitantes de muchas naciones. Adelantamos las soluciones de problemas que veíamos como paisaje de largo plazo.

La llegada a esa celeridad no fue espontánea. Un señor de nombre Steve Jobs en el verano de 2007 en California le presentó a la humanidad un aparato definido como teléfono inteligente que potenció el conocimiento, la investigación, el consumo y la economía. Sin Jobs, poco habría podido hacer la sociedad global durante esta crisis. ¡Es decir que en este acelerado mundo estamos inmersos hace menos de 20 años!

El reto, de todos, será poder equilibrar este nuevo paradigma vertiginoso para que más habitantes de la tierra puedan acceder a sistemas de aprendizaje, sistemas de capacitación, de seguridad social y sanitaria. Esta tarea no es exclusiva de los “neoepidemiólogos de la política”. Como bien lo dice Daron Acemoglu, autor del libro El pasillo estrecho: “El Estado es una parte muy importante en proporcionar servicios públicos, ayudar a los desfavorecidos o en resolver conflictos. Pero luego tenemos que mantener al Estado y sus élites bajo control. Hay una demanda de la sociedad de mejores políticas gubernamentales que nivelen el campo de juego”.

* Columna sustentada en la lectura del libro de Thomas Friedman “Gracias Por Llegar Tarde”, Deusto, 2018

@pedroviverost

Conoce más

Temas recomendados:

 

Atenas(06773)09 de marzo de 2021 - 06:20 p. m.
Otra ilustrativa columna q' pone sobre el tapete el cómo, por fuerza de las circunstancias, ha habido q'instrumentar ciertos procesos q' venían en ralentí. Y esta la propositiva visión de los amargos momentos, o de "No hay mal q' por bien no venga". Excelente, columnista de verdad. No sicario de la opinión vendida.
ELIZABETH(23598)09 de marzo de 2021 - 09:18 a. m.
ok
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.