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Estudiantes, la clave para pasar de kínder

Pedro Viveros

10 de mayo de 2021 - 10:00 p. m.

Los hechos de los últimos días en el país fueron los más complejos y difíciles que ha vivido Colombia en nuestra incremental ebullición de la media docena de violencias que hace 202 años comenzamos para algún día convertirnos en una nación. Todo es verdad. La dura lucha de una familia sin condiciones básicas satisfechas que para poder llevar a un miembro de la misma a la universidad tienen que pasar, mínimo, seis generaciones. Para rematar, el inicio del año 2020 vimos aparecer sin aviso un virus que mandó a todo el planeta a sus hogares a guarecerse de un enemigo desconocido e invisible que no solo nos condenó al temor de morir, sino que arrasó económica y socialmente sobre todo a los países más débiles en materia de protección social para sus ciudadanos.

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Una “conversación inconclusa” celebrada antes del Covid-19 entre manifestantes y líderes del paro con el gobierno nacional se agudizó por la desafortunada y mal presentada reforma tributaria. Los hechos posteriores son conocidos: enfrentamientos públicos, vandalismo, saqueos, acciones criminales organizadas y, en medio de todo este desbarajuste, unos sectores que reclaman justas garantías para poder continuar el camino y algún día superar el “kínder” en el que nos encontramos como nación. Ninguna bala, de donde venga, es mejor que una buena idea.

Hace 30 años un grupo de estudiantes, en otra de nuestras sin salidas como país, luego de una monumental “marcha del silencio”, le planteó a la clase dirigente nacional y a los colombianos una puerta de reencuentro democrático para evitar saltar al vacío y convocar una Asamblea Nacional Constituyente para cambiar la constitución política vigente desde 1886. El próximo 4 de julio se conmemora la tercera década de existencia de esa carta de navegación nacional. Muchos de esos universitarios tenían, y tienen, pensamientos diametralmente opuestos. Un ejemplo: ¿En 1990 qué podía unir a la actual alcaldesa de Bogotá, Claudia López, con el precandidato presidencial del Centro Democrático, Rafael Nieto Loaiza? Para muchos absolutamente nada. Pues bien, soy testigo ático de los esfuerzos que ambos, desde sus orillas sociales y políticas, empeñaron por sacar adelante la constituyente y la célebre carta de derechos que hoy nos rige.

En esta cruenta semana que pasó, observé con mucho interés el tipo de esquema de movilización de los estudiantes que participan de forma pacífica en esas duras jornadas. Son alegres, con mucha energía, repentistas, ingeniosos, resistentes, ecuménicos y muy conectados entre ellos. Pienso que la conexión de sus intereses y valores se potenció por el aislamiento que sufrieron durante un año largo de pandemia. En esa realidad virtual que les tocó vivir seguramente lograron experimentar con otros jóvenes de su edad gustos, experiencias, tristezas, lamentos, es decir pudo servirles como una especie de debate de sus anhelos para aportar en algún momento en este laboratorio llamado Colombia. Se fundaron como comunidad. El cansancio de las cuarentenas, la frustración de ver que los más afectados con las cifras de desempleo son precisamente ellos, una conversación con el gobierno que quedó en punta, una reforma fiscal inconsulta y mal socializada les permitió explotar su deseo de reconocerse y organizarse en esta democracia callejera a la colombiana. En los históricos paros de 1970 y 1977 movilizar los grupos para estar presente en las vías y andenes de Colombia tomaba varios meses y el impacto mundial era menguado. Los actuales estudiantes con un “me gusta”, un celular y conexión a Internet demostraron que pueden, con el dedo pulgar, mover el mundo.

No veo el ambiente para una constituyente, menos después de los acuerdos de paz. Ojalá esa misma inmediatez y deseos de cambio nos sirvan para canalizar una salida tranquila y pasar a otro estadio en esta impenitente búsqueda de nación en la que nos encontramos los que son y fuimos afortunados de pasar por una Universidad.

@pedroviverost

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