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La derecha en busca de autor

Pedro Viveros

11 de octubre de 2022 - 12:00 a. m.

La derecha tiene que entender que mucho va de Ronald Reagan a Donald Trump. De Margaret Thatcher a Boris Johnson y de Álvaro Uribe a Rodolfo Hernández. Los liderazgos solo se logran entender con el paso del tiempo. De “el Gobierno no es la solución, es el problema” pregonado por los reaganistas, a “el muro en las fronteras pagado por México para evitar migraciones”, hay un trecho. (Hoy hay 65 millones de latinos en EE. UU.) hay un trecho significativo. Del Estado mínimo de los thatcheristas a las dispersas y divisionistas tesis del Brexit de los borisistas hay un océano de contrastes. En el caso de los uribistas hay mucha diferencia entre la defensa de sus tres huevitos y la rodolfoneta de los rodolfistas. La actual es una derecha de pronto efectiva y necesaria para los que votaron por una solución extremista pero ramplona, sin academia e inadecuada para algunos que todavía buscan pertenecer a ese sector del espectro político colombiano y mundial.

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Una cosa es resolver la insolvencia estatal por medio del neoliberalismo, hoy inconveniente, pero en su momento realizable y ganador, y otra los discursos xenófobos, racistas y extremistas de la ultraderecha que en la actualidad gana elecciones y adeptos por culpa de la falta de una derecha no remozada ni moderna que no encuentra su rumbo. La palabra de Trump al recurrir en su campaña de 2016 con ofensas contra una mujer que fue su contrincante. Los sueños electrizantes e irrealizables que les prometió a unos trabajadores a la usanza que jamás iban a recuperar sus puestos de trabajo, décadas atrás necesarios pero ya inexistentes. La mala utilización de un enemigo extranjero que, como China, cada día es más eficiente en su diplomacia comercial. Fue tal el equívoco y la ignorancia en materia internacional de Trump, que con sus ataques facilitó a los orientales ganar socios y amigos en el contexto mundial.

Los desafueros de ese discurso machista, envalentonado, simplista e inculto sirvieron incluso para que ese método del trumpismo llegara a nuestro país vía un alcalde de la quinta ciudad del país, Bucaramanga. Hizo su aparición pública en el ámbito nacional con un estrambótico y violento golpe a un concejal-periodista. En medio de esa golpiza, el en ciernes líder nacional, entonó las notas más obscenas de un discurso ramplón y repleto de vulgaridades, fiel copia de Trump. Esa no es la derecha que en su momento enarbolaron Álvaro Gómez o Álvaro Uribe.

El mundo y el país cambiaron de forma incomparable en los primeros 20 años del siglo XXI. Mientras los adoradores de la derecha miraban con embelesamiento permanente el estilo populista trumpista o rodolfista, otro mundo emergía a sus espaldas. Una sociedad más feminista. Menos brutal. Más conciliadora. Menos radical. Más identitaria. Abierta en materia de lucha contra las drogas (incluso Biden ya los abrazó). Más proaborto. Callejeros y no partidistas a la hora de hacer política. Respetuosos de los credos religiosos y del ateísmo. Para algunos es la nueva versión del marxismo al estilo de Antonio Gramsci. Puede ser ya que la visión de Marx desde los barrotes y los muchos días que pasó Gramsci en las cárceles le permitieron analizar una interpretación más cultural y alejada de la puramente economicista del pensador alemán que todavía da de qué hablar. Mandela también cambió en la prisión.

Cómo será la crisis de la derecha a la colombiana que Uribe le pide a sus seguidores que no tilden al presidente Petro de comunista, pero de igual manera solicita que a quienes están de su lado ideológico tampoco sean llamados ultraderechistas. Para rematar la faena está la actitud del presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie, uribista pura sangre, quien doblado ante el mandatario colombiano firmó un acuerdo para entregar tierra, ojalá productiva, a los campesinos de Colombia.

La derecha en adelante, cuando salga a manifestarse, debe saber quién es su autor. Ya solo de antipetrismo no vivirá.

@pedroviverost

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