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Nuevo escenario: el reemplazamiento político

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Pedro Viveros
31 de julio de 2026 - 05:00 a. m.
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Desde que en 1998 el recordado “glorioso Partido Liberal” obtuvo la mayor cantidad de votos de toda su historia política —aun cuando su candidato, Horacio Serpa Uribe, perdió el poder—, la ebullición de esa histórica votación de la colectividad más poderosa de Colombia desde los años treinta marcó un hito. Ese 21 de junio, el trapo rojo liberal no volvería a ser ni mayoritario ni arrasador en los escrutinios. Esas elecciones se podrían definir como un “fracaso exitoso”: exitoso por el volumen de votos de Serpa, pero un fracaso al no alcanzar la Presidencia. Fue el fin de una era en la vida política nacional y el comienzo de otra.

Los resultados de esas votaciones trajeron múltiples consecuencias para el país que todavía causan réplicas. La más significativa se podría bautizar como “el reemplazamiento”. Este fenómeno comenzó a emerger tras la promulgación de la Constitución Política de 1991. Paradójicamente, Horacio Serpa, uno de los tres presidentes de esa Asamblea Nacional Constituyente, reconfirmó con su derrota —y sin proponérselo— la intención que tuvieron los setenta constituyentes al plasmar en sus 380 artículos el rompimiento de la tenaza bipartidista que gobernó al país hasta finales del siglo XX. Si la Constitución fue la presentación en sociedad de los partidos alternativos con opción de poder real, los derrotados votos de Serpa sirvieron como una especie de “destaponamiento” del último partido político hegemónico que impedía la llegada a la Presidencia de corrientes políticas diferentes a las tradicionales. Por algo el expresidente Carlos Lleras Restrepo sostenía que esa colectividad era “una coalición de matices de izquierda”. Con la primera derrota serpista, la izquierda comenzó su verdadero ascenso hacia el poder real en el país.

Es precisamente por este efecto que, en el 2003, la izquierda ganó por primera vez la Alcaldía de Bogotá, con Lucho Garzón. La victoria dio rienda suelta al votante de izquierda para congregarse alrededor de un sector legítimo y sin la incidencia armada de las FARC. Por el lado liberal, cuando se analizan los resultados electorales desde 1998 hasta hoy, las curvas del liberalismo y de la izquierda son claras: muestran “el derrumbamiento rojo” y el crecimiento paulatino y regular de un sector que hoy es el émulo, en materia de poder, de otra agrupación que —vaya coincidencia— también tuvo su origen en el Partido Liberal: la derecha de Álvaro Uribe Vélez.

Esos dos términos, izquierda y derecha, siempre estuvieron matizados por el agrupamiento alrededor del “sacrosanto Partido Liberal”. Ser de izquierda o de derecha antes de 1998 era una pésima carta de presentación en materia de candidaturas políticas. La percepción que se tenía del primero eran sus vínculos con las guerrillas, y del segundo, que abrevaba en las ideas extremistas de Laureano Gómez. Al romperse la bisagra liberal, ambos sectores pudieron “salir del clóset ideológico” para pregonar sin bozal sus propósitos políticos.

Constitución de 1991, derrota liberal de 1998, “destaponamiento”, salida del “clóset ideológico” de la izquierda y la derecha, unidas a la victoria de Lucho Garzón en Bogotá, derrumbaron para siempre la preferencia por los partidos tradicionales. Esa noche del discurso de la victoria de Abelardo de la Espriella se comenzó a vislumbrar el nuevo panorama político en Colombia: el reemplazamiento definitivo entre lo vetera et nova. Desde esa noche se consolidaron dos bloques sin el respaldo de las colectividades tradicionales: la izquierda liderada por Gustavo Petro e Iván Cepeda, y la derecha con Álvaro Uribe y Abelardo de la Espriella.

En ese centro de gravedad se moverá la escena nacional en adelante. Siempre pensamos que nos correspondería analizar desde lejos el trasegar de la historia sin ser protagonistas; sin embargo, estamos viendo cómo el liberalismo y el conservatismo se disputan espacios menores bajo la mirada de los verdaderos dueños de la historia de Colombia en el inicio del segundo cuarto del siglo XXI.

@pedroviverost

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