A siete días de cumplirse el primer año del primer gobierno de izquierda en Colombia, el fin de semana anterior fue único. En una sociedad, como decía Immanuel Kant, “se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”, pues luego de los casi 365 días de Gustavo Petro en el poder vaticinan que, al conocer este primer cuarto de su mandato, el resto nos va a traer remezones perpetuos. Veamos.
El viernes 28 de julio en la noche bogotana se confundieron miles de nostálgicos para conmemorar “El Concierto de Conciertos”, que 35 años atrás cambió la pacata capital del país en materia musical. El “Bogotá, de las putas Bogotá” de 1985, se volvió a retumbar. No habían terminado de pasar la resaca los nostálgicos del rock, cuando a las seis de la mañana del sábado 29 de julio, la Fiscalía General de la Nación despertó al país: el hijo mayor del presidente, quien no había cumplido aún un año en la Presidencia de la República, junto a su exesposa eran capturados por agentes el CTI. Entre otras cosas, vaya paradoja, fue el propio presidente quien en marzo de este año le pidió al ente acusador investigar a su propio hijo.
Las reacciones no se hicieron esperar. Claro, nunca en la historia republicana un primogénito presidencial había sido capturado. Creo que tampoco después de dejar el poder ningún mandatario ha pasado por la tragedia de ver tras las rejas a un descendiente. Recuerdo al exmandatario Marco Fidel Suárez, que por auto prestarse unos pesos del erario con el objetivo de repatriar a su hijo muerto en los Estados Unidos, víctima de la “Gripa Española” a inicios del siglo XX, además del dolor de la pérdida de su familiar, un energúmeno senador de nombre Laureano Eleuterio Gómez Castro también lo sacó del solio de Bolívar.
Volviendo a los Petro, esa mañana sabatina con sus rebeldías era el prólogo para el epílogo de la inscripción electoral de las aspiraciones políticas de más de 100.000 inscritos. Las paradojas colombianas, el mismo día que el hijo del ejecutivo y diputado por la Colombia Humana de la Asamblea del Atlántico, se ponía a instancias de las autoridades investigadoras por delitos relacionados con injustificados dineros conexos con actividades proselitistas que terminaron en sus bolsillos, denunciado por la exesposa, ese mismo día en las diferentes registradurías del país los nuevos candidatos a gobernaciones, alcaldías, asambleas, concejos y juntas de administración locales, juraban cumplir con las leyes y el buen financiamiento de sus campañas electorales.
La palabra sábado tiene su origen en el latín sabbatum cuyo significado en castellano es descansar. Entre la interminable conversación de las redes y la insaciable morbosidad que nos une como colombianos y las diferentes frases costumbristas de los políticos en trance de elegirse, pocos colombianos supimos qué era el reposo. Las críticas inoportunas y estrambóticas de los opositores de un gobierno que, según las encuestas de opinión al acercarse a su primer año no goza de un buen recibo en la mayoría de los colombianos, con fruición aprovechaban las duras horas por las que atravesaba Gustavo Petro el padre y líder de la nación, mientras sus electrizados defensores buscaban a toda costa convertirlo en víctima propiciatoria de lo que el propio presidente, al anunciar su responsable respeto por la autoridad, llamó “errores de su hijo”. Ni lo uno ni lo otro. El presidente y el padre son la misma persona. El presidente y la denunciante de su hijo son la misma persona.
Menos mal a las 5:45 de la mañana del domingo 30 de julio, nuestra Linda Caicedo nos despertó con un soberbio gol y a las 6:28 de ese mismo día, Manuela Vanegas nos permitió conocer cómo se le gana a un grande del fútbol femenino mundial. Las incongruencias de una Colombia que en un mismo fin de semana vivió la nostalgia, el dolor de ejercer el poder presidencial y la victoria.