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Caprichos

Piedad Bonnett

02 de agosto de 2026 - 12:07 a. m.

Abelardo de la Espriella, el presidente electo, va volando. Queriendo mostrar que es un hombre de acción, resuelto, que se había preparado para gobernar, ha procedido a hacer numerosos y tempranos nombramientos —buenos, regulares, malos y malísimos— y a proponer ideas audaces con un marcado peso simbólico. Cierta celeridad es importante y se celebra. Sin embargo, no por mucho madrugar amanece más temprano, y sus últimas decisiones están poniendo en evidencia impulsividad, improvisación, y lo que es peor, incoherencia, lo que le hace perder credibilidad. Veamos.

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En su afán de mostrar que va en serio su proceso de descentralización decidió, inicialmente, que su posesión sería en una guarnición militar en el Cauca. Un golpe de opinión que buscaba mostrar su respaldo incondicional a las Fuerzas Armadas, y un gesto provocador contra Petro, que tanto las ha menospreciado. De inmediato surgieron importantes argumentos en contra. Uno de ellos, expuesto por Rodrigo Uprimny, es que “es una expresión de militarismo que choca con las mejores tradiciones democráticas (…) que, en vez de ser un apoyo a las Fuerzas Militares, las debilita”, porque al politizarlas las expone a fuertes controversias. Pronto se evidenció también que, por razones logísticas y de seguridad, esto era un exabrupto. Insuficiencia del aeropuerto, de la infraestructura y, sobre todo, el antecedente de un ataque reciente al Cantón José Hilario López con un dron con explosivos. Si ya sucedió en Bogotá, en la posesión de Álvaro Uribe, con consecuencias graves pues murieron varios indigentes, ¿por qué no podría pasar en uno de los departamentos con mayor violencia de las disidencias y los grupos delincuenciales? De la Espriella, ante lo incontrovertible, reculó, y ahora todo parece indicar que la posesión será en Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, un lugar funcional pero impertinente. Tanto, que los estudiantes ya están protestando en masa. El tercer argumento, que sigue vigente, es de presupuesto: ¿cuánto cuesta trasladar 300 congresistas, embajadores, magistrados y demás, y crear una logística que garantice la seguridad de la ciudad, que, por cierto, ha resistido dos atentados terroristas aterradores? Descentralización sí, pero no así.

Vamos al punto: ¿es coherente que un presidente que entra prometiendo reducir gastos —y para ello anuncia cerrar casi 15 embajadas que representan tan solo el 0,34 % del Presupuesto General de la Nación— comience con estas ideas peregrinas, que buscan popularidad y complacencias políticas? Porque ahora resulta, también, que habrá que remodelar el edificio de la Aduana de Barranquilla como sede alterna de gobierno. Y como si fuera poco, De la Espriella anuncia que convertirá en museo la Casa de Nariño y trasladará su despacho al Palacio de San Carlos, sin que sepamos dónde se va a reubicar la Cancillería. ¿Cuánto costarán estos chistecitos?

La imagen que se me viene a la cabeza es la de Ricky Ricón, el riquito protagonizado por Macaulay Culkin, que tiene hasta montaña rusa privada, en este caso jugando Monopolio: vendo, compro, cambio, según mi capricho. De acuerdo con Francisco Cajiao, la ciudadanía debe resistirse a los símbolos vacíos, y preguntarse qué ética y sentido encierran estas ceremonias y espectáculos.

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