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Cuestión de principios

Piedad Bonnett

11 de enero de 2026 - 12:07 a. m.

A las pocas horas de haber capturado a Maduro —no “extraído”, un eufemismo tan absurdo como el de “neutralizar” en vez de “dar de baja”—, las opiniones estaban ferozmente divididas entre los que justifican la incursión militar de Trump en Venezuela, aduciendo que esta “era la única manera de sacar al dictador”, y los que rechazamos el ataque por considerar que fue una demostración de poder imperialista que viola abiertamente el derecho internacional. Que condenemos el descaro de Trump, que ha declarado sin ambages que va por el petróleo y que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental no volverá a ser cuestionado de nuevo”, no impide dejar en claro que el de Maduro es un régimen criminal, que ha empobrecido a su país y ha incurrido en torturas y asesinatos que ameritan drásticos castigos.

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Se entiende que muchos venezolanos, víctimas de las atrocidades que a tantos han llevado al exilio, estén dispuestos a sacrificar su soberanía con tal de liberarse de la dictadura. Pero es que rechazar la intervención extranjera es una cuestión de principios. Es defender el ideal de civilización, que para Condorcet consiste en lograr cambios políticos sin recurrir a la violencia. ¿Pero es que a los que se declaran pragmáticos —y Trump y Putin, con sus calculadoras mentalidades de saqueadores y su cinismo, son los primeros de ellos— les interesan los principios? La palabra “valores”, que tan bien reivindica Rob Riemen, suena hoy obsoleta, demodé, precisamente porque el pragmatismo, que solo habla de productividad, rendimiento, progreso y resultados, la ha relegado al rincón de los idealismos.

Pues bien: cómo se manifestaron los precandidatos frente a los hechos es algo que los colombianos deberíamos tener en cuenta. Hasta ahora lo que hemos visto es que los de derecha han justificado la incursión militar, sin tener en cuenta el terrible precedente que sienta, pues está en riesgo todo país al que Trump —o cualquier otro poderoso— decida agredir; y si no, miren a Groenlandia. Juan Carlos Pinzón, Vicky Dávila, Paloma Valencia, por supuesto el inefable Abelardo, imitador de Trump y Bukele, y algunos otros, se han declarado partidarios de saltarse los tratados internacionales. Pero lo que hemos visto en la parte opuesta, la izquierda petrista, es una omisión imperdonable: Cepeda, tan firme a la hora de rechazar la agresión, no se ha pronunciado ni una sola vez contra la dictadura venezolana, ni ha señalado sus perversidades. Sólo unos pocos, pues, han expresado, como se espera, las dos cosas: repudio a la dictadura y rechazo a la política colonial del gobierno norteamericano.

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Habría que decir, finalmente, que es importante manifestarse contra todo intento de colonialismo, pero no conviene avivar el nacionalismo ciego, un sentimiento tan fácil de manipular por aquellos que solo apuntan a sacar réditos electorales. De hecho, ya estamos viendo el uso recurrente e iracundo de la palabra “apátrida”. Y de eso a la violencia no hay más que un paso.

Adenda 1. Increíble cómo los forcejeos entre Trump y Petro pueden asemejarse a los de los pelaos de barrio, matón incluido, que se amenazan, se insultan, y luego otra vez parceros.

Adenda 2. Al que le guste el buen cine, ya tan escaso, le recomiendo ver Valor sentimental. Magistral.

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