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Homofobia en la izquierda y la derecha

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Piedad Bonnett
22 de marzo de 2026 - 05:07 a. m.
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La alianza entre Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo ha vuelto a agitar la conversación pública sobre diversidad sexual, familia y matrimonio. Tanto en el discurso de Paloma como en el de Uribe hemos visto afirmarse ideas retrógradas y prejuicios, sugiriendo, entre otros, una asociación entre homosexualidad y pederastia. Uribe dice que no se deben discriminar las sexualidades diversas, pero acota enseguida que “tampoco se pueden discutir los derechos de los niños”. Y Paloma persiste en hablar de ideología de género, y aunque dice considerar legítimo el vínculo entre homosexuales, no está de acuerdo con que ellos adopten, pero no explica por qué. De la Espriella, por su parte, también manifestó su homofobia: “Lo que no me gusta de Juan Daniel, jodido que lo arregle”.

La derecha, aquí y en todo el planeta, se caracteriza por posturas que incluyen homofobia, racismo, misoginia y xenofobia. Hoy todas estas ideas discriminatorias las encarna Trump, que en su discurso de posesión afirmó que Estados Unidos solo reconoce dos sexos, masculino y femenino; que ha atacado a la población trans, ha hecho alusiones sexuales ofensivas contra las mujeres, se ha burlado de algunas por su aspecto físico, ha sido mencionado reiteradamente en el caso Epstein y ha hecho una campaña agresiva contra el aborto. Sus expresiones racistas dan vergüenza. Afirmó que los negros son todos perezosos, caracterizo a Obama y su mujer como simios, y se refirió a Haití y a los países africanos como “agujeros de mierda”. Milei, otro rabioso ultraderechista, ha dicho que las parejas de homosexuales que adoptan son pedófilos, relacionó la supuesta ideología de género con abuso infantil, y cerró el Instituto contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo.

Frente a esa derecha furiosamente reaccionaria supondríamos que la izquierda encarnaría la defensa a ultranza de las libertades individuales. Pero no. La izquierda radical en eso ha sido siempre retardataria. Ya hemos visto cómo muchos regímenes comunistas, entre los que se cuenta Cuba, persiguieron a los homosexuales con verdadera saña, llevándolos a las cárceles, al exilio o al suicidio. Y que la guerrilla colombiana durante años castigó el homosexualismo, ejerció violencia contra la población trans, y violó los derechos de las mujeres, esclavizándolas y obligándolas a abortar.

No se me ocurre afirmar que Petro ha llegado a tales extremos, pero sí que ha incurrido en los mismos pecados de homofobia, machismo y racismo de sus antípodas ideológicos. El trino de hace unos días contra Juan Daniel Oviedo es indigno de un presidente que dice respetar la comunidad LGBTIQ+: “Aquí estamos es para defender el salario vital a como dé lugar. (…) Lo demás son plumas y lentejuelas que esconden a los vampiros”. Recordemos, además, que este gobierno ha amparado a Morris y Benedetti, acusados de maltrato a sus mujeres; que defendió a Víctor de Currea, señalado de presunto acoso sexual, que afirmó que “una gran mujer será la que acompase su cerebro con su clítoris” y que “las mujeres hoy (…) actúan de acuerdo a las hormonas”; que ninguneó a Francia y que retó a Carlos Rosero diciéndole “a mí nadie que sea negro me dice que hay que excluir un actor porno”. Y, sin embargo, se llama progresista.

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Berta Lucía Estrada(2263)Hace 1 hora
Excelente columna
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