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La guerrera, Paola Holguín

Piedad Bonnett

26 de julio de 2026 - 12:11 a. m.

El nombramiento de Paola Holguín como ministra de Cultura resulta preocupante, porque en su larga vida política la senadora no ha tenido que ver nada, absolutamente nada, con la cultura. Y no es que tenga una hoja de vida vacía, sino que en sus nueve páginas, recién actualizadas, más allá de su pregrado como Comunicadora Social y su Maestría en Estudios Políticos, lo que vemos son especializaciones en Seguridad y Defensa, área en la que tiene una maestría en la Escuela de Guerra; también estudios en Estrategias y Políticas de Defensa y de Terrorismo y de Contrainsurgencia en Washington; y un curso de Seguridad Pública de la Policía Nacional y la Universidad Eafit y otro de reserva en el Batallón de Bello. De razón que en el video ultra kitsch con que la presentó el futuro gobierno, aparezca, primero que todo, como “la mujer guerrera que emprende la batalla cultural de la Patria Milagro”.

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El video sorprende porque, como han señalado algunos, la estética de la campaña abelardista se ha prolongado hasta ahora. La presentación de la nueva ministra no puede ser más cursi y llena de lugares comunes, que es todo lo que la verdadera cultura no es. Comenzando por el tono edulcorado que utiliza el locutor, que destaca que es “mujer de la provincia, tía de Leticia” (¿será para que rime?), que está lista para “dar la batalla cultural” (para seguir con la terminología guerrerista), “para volver a los valores que aporta la cultura, para retomar el camino de lo correcto sobre lo incorrecto…” (como si en el terreno de la cultura funcionaran categorías morales y no las de la imaginación, el pensamiento crítico, la capacidad transgresora y la libertad creativa). Con toda razón Chantal Maillard ha escrito que “el efectismo, la redundancia y la mediocridad” son atributos que están presentes en todas las manifestaciones del kitsch. Que es no sólo una elección estética, sino una forma de estar en el mundo.

Pero el mensaje no para ahí: con una altisonancia que nos hace pensar que volveremos al estilo Petro, lleno de hipérboles –“el país de la belleza”, “Colombia, el corazón del mundo” o “Colombia, potencia mundial de la vida”-, en el mismo video oímos que la senadora Holguín está lista “para que por primera vez en su historia Colombia empiece a gerenciar la cultura con orden y rigor”, como si con ella empezara una “refundación” de la cultura, apoyada además en dos conceptos, orden y rigor, muy alineados con el de seguridad, siempre tan prioritario para los gobiernos de derecha.

En el video se nos recuerda también que la senadora uribista tiene el gran mérito de ser “la precursora de la ley del carriel antioqueño” (también se le otorgó la Orden del zurriago). Y se anuncia un ministerio de Cultura como “la obra maestra de la patria” que “dejará de ser un difusor de ideas y empezará a crearlas”. Como si la cultura no naciera de la entraña misma de la sociedad, sino que fuera algo que puede “gerenciarse” desde arriba, desde los que sí saben cómo es la cosa.

Dicen algunos que hay que dar un compás de espera a los nombrados, a ver con qué salen. Pero todo anuncia, porque así lo ha dicho el nuevo presidente, que, como en el cuatrienio de Duque, la cultura será sinónimo de industria creativa, un producto más dentro de una política de consumo.

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