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28 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Un insulto al periodismo

Tan virulenta es la columna publicada en Semana por María Andrea Nieto contra el Premio Simón Bolívar, tan llena de odio, saña, mala leche, que uno se pregunta por qué herida habla. Pero además hay tal falta de pruebas y tantas vaguedades en sus acusaciones, que resulta un verdadero adefesio periodístico. Tal vez piensa la señora Nieto que una columna de opinión existe para decir lo que a uno se le pasa por la cabeza, sin necesidad de sustentarlo.

Según Nieto, el premio es “un bastión de la rosca mediática de la izquierda, cuyo único objetivo es controlar y mantener mansitos a los periodistas con el fin de beneficiar a las élites de siempre”. ¿De qué élites habla? ¿Y de qué izquierda? Porque la izquierda colombiana, como cualquier otra, tiene matices que van desde la que ejerce el terrorismo hasta la moderada de centro. ¿A la de jurados como Mauricio García Villegas, Maryluz Vallejo, Catalina Botero, José Navia, Moisés Wasserman, Ricardo Silva, Mauricio Sáenz (que fue editor de Semana más de 20 años) o Fernando Ramírez (editor de La Patria de Manizales)? ¿Puede acaso afirmar que son “pobres idiotas útiles que se prestan para ser el megáfono de la élite” premiados como Gerardo Reyes, María Teresa Ronderos, Margarita Vidal o Ricardo Calderón? ¿O los periodistas de El Malpensante o Radio Ambulante?

Además, qué bajeza descalificar a Silvia Martínez, directora del premio, atacando a su marido porque según ella es “otro contratista profesional de la alcaldía de Claudia López”. ¿Qué peso hay en esa acusación? O apelando al más ridículo argumento: “La doctora Silvia tiene su oficina cerca a la de Miguel Cortés, un banquero multimillonario”. Sorprende que, como cualquier demagogo populista, Nieto se dedique una y otra vez a hablar contra “los ricos”, asegurando, perversamente, que los periodistas que han ganado el premio “han sido financiados por grupos económicos o gobiernos que los han privilegiado con contratos (…) y una que otra millonaria asesoría”. Ya quisiera este país que más “multimillonarios” invirtieran en proyectos importantes como el Simón Bolívar.

Conozco bien cómo funciona el premio porque fui dos veces jurado y puedo dar fe de la magnitud del trabajo que allí se hace, que implica meses de lectura y análisis, y de la libertad absoluta que rodea las deliberaciones, que toman días enteros de examen de cada uno de los trabajos finalistas, muchos de los cuales vienen de medios pequeños, de las más remotas regiones, donde se trabaja con las uñas y a veces corriendo riesgos por las amenazas de los violentos. Pero también se reconoce el trabajo de periodistas que trabajan para medios reconocidos y poderosos, que ni siquiera remotamente se pueden relacionar con la izquierda, como Camila Zuluaga, de Blu Radio, premiada este año por una entrevista que hizo, precisamente, a Gabriel Gilinski, dueño de Semana, donde logró captarlo en toda su dimensión.

Yo me pregunto cómo es posible que alguien que trabaja con el grupo Gilinski y escribe en la revista Semana se dedique a despotricar de los millonarios “que jamás apoyarán al verdadero periodismo”, “el que no se les arrodilla. Ese que habla por las mayorías silenciosas que están cansadas de los mismos con las mismas”. Da hasta risa.

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