Querido Brasil

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El 7 de septiembre celebramos tu independencia proclamada en 1822 por don Pedro 1. De allá para acá, cruzaste un largo y sinuoso camino, pero siempre has sorprendido: fuerte, valiente, solidario y amable abriste tus brazos al mundo, sin perder tu esencia, alegría y color, como si fueras consciente de cada rayo de este sol que te ilumina, del mar que te abraza y de la Amazonia que te cubre.

Encantas, fascinas, impresionas y acoges con una generosidad sin par. Tu carta de bautizo, escrita por Pero Vaz de Caminha, ya mostraba tu grandeza, exuberante naturaleza y futuro promisorio.

La mayoría de tus hijos se enorgullecen de ti, creen en ti, sufren por ti, sin perder la esperanza. Tú nos hiciste así: alegres, amables, luchadores y resistentes. ¡No desistimos nunca! Sabemos que, a pesar de la complejidad de algunos ciclos históricos, tú siempre estás ahí, con inmensa generosidad para recibirnos en los buenos y malos momentos.

Sin embargo, en este 7 de septiembre, en plena pandemia del COVID-19, muchos brasileños lloran por sus muertos, no hay cómo olvidar la vulnerabilidad de los pueblos indígenas y la violencia en tantas esquinas. Quisiéramos evitar la devastación de la Amazonia, impedir que el hambre regrese al cotidiano de los más vulnerables, ampliar el acceso a la educación y detener la desigualdad histórica para que lleguen días mejores.

Que este Brasil dividido y fracturado por una polarización funcional tienda puentes para responder a las necesidades más urgentes del pueblo, pues la vida sigue su curso, independientemente de esos márgenes. Se ha abatido sobre ti un discurso de odio. En días de inmadurez de tu joven democracia, personajes controvertidos tomaron las plazas públicas, prometieron salvar la patria, combatir la violencia, terminar con la corrupción y recuperar la economía.

Por medio de las redes y de fake news se difundió una narrativa extremista, cargada de xenofobia, homofobia y tantos otros ias que puso sobre la mesa temas como: escuela sin partido, porte de armas para todos y antiglobalismo cultural, lo que ya denotaba un retroceso histórico, social y humano. Millones de tus hijos lo creyeron y sacaron de sus memorias una lista inmensa de justificaciones para reescribir tu historia.

Una ceguera colectiva cayó sobre ti, Brasil querido. Una ausencia de perspectiva histórica trajo de regreso el uniforme verde oliva, como en 1964, legitimado y apoyado por los detentores del poder que no deseaban que tú te transformaras en un país de todos y para todos. En esa ocasión, por vía democrática.

Tuviste años de altos vuelos. Tu canto era una voz que resonaba libertad, igualdad e inclusión a los lugares más lejanos del mundo. La belleza de tu carnaval, la simbología de tu fútbol, la cadencia de tu capoeira, la magia de tu música, la esperanza de tu gente, la audacia de tus propuestas, la fuerza de tu voz encantaban y sorprendían, pero no lograste alejar de esquemas sombríos, reiterativos en tu historia política.

Este 7 de septiembre, cuando tus victorias de antaño nos hacen tanta falta, tu burocracia estatal no refleja tu grandeza, los partidos políticos que emergieron no tienen pauta, no te interpretan ni te releen y un pueblo cansado de tanto esperar parece no tener conciencia de que temporalmente has perdido tu rumbo, renunciado a principios históricos y cedido tu lugar en el mundo a cambio de casi nada. Esperamos en un futuro no tan lejano reencontrarte “belo, forte, impávido colosso”.

Profesora U. Externado.

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