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El triunfo de Joe Biden y Kamala Harris refresca la democracia en el mundo y da luces y esperanza sobre la política en Colombia de cara a las elecciones del 2022. En los Estados Unidos y acá, con todas las diferencias entre las dos naciones, la reconciliación es el desafío principal.
Biden obtuvo la mayor votación en la historia, superior a 74 millones, armando una coalición de demócratas, republicanos e independientes. No obstante, el impresionante respaldo a Trump, 70 millones de votantes, mayor que el del 2016, da fé del arraigo que, en el pueblo norteamericano, han tenido políticas que pregonan el racismo, la xenofobia y otras aversiones al respeto. Con el pésimo manejo que le dio a la pandemia (una quinta parte de los fallecidos en el mundo, pese a que la población de los EEUU es el 5%), el apoyo a Trump fue mayor al esperado.
Las consignas de campaña y los mensajes del sábado pasado en Delaware dan la tónica: hay tiempos de construir, de sembrar, de cosechar… el actual es un tiempo de sanación, dijo el presidente electo. La tarea es la del acercamiento con las bases republicanas, la construcción de confianza.
El primer paso, el respeto, el lenguaje de reconciliación, ha marcado la diferencia, antes y después de las elecciones, en un país altamente polarizado en el que los estándares de la mínima decencia en el relacionamiento político se degradaron con Trump.
Con certeza, los años por venir serán difíciles para el gobierno Biden-Harris y más aún con un Trump que, probablemente, seguirá activo, rompiendo la tradición gringa de los expresidentes ausentes en política. Un individuo con 88 millones de seguidores en twitter, que necesita estar vigente en la arena del debate, entre otras cosas, para no perder relevancia y eludir, hasta donde sea posible, la mano de la justicia, hará lo que esté a su alcance para deslegitimar a Biden.
Las analogías en Colombia están a la vista. La gente está hastiada de los extremos, del lenguaje que aniquila al adversario, de la indiferencia frente a las masacres y los crímenes contra los líderes sociales, del encasillamiento (“paramilitar” o “castrochavista”) que sigue suponiendo que la gente es estúpida, de la deslegitimación de la justicia, de la impunidad. Discursos destructivos que no proyectan respuestas a los enormes retos del mundo contemporáneo como el cambio tecnológico, la crisis climática, la transformación de los mundos del trabajo y la educación que, finalmente, son y serán la vida de nuestros niños y jóvenes.
La lección de Biden y Harris es la de la generosidad, del respeto profundo por la diferencia y los derechos humanos, del acogimiento a la ciencia.
Se viene una ofensiva de populismo de derecha que no puede ser frenada por uno ídem de izquierda. La inmensa mayoría, como lo indica Polimétrica, se identifica con posiciones de centro. La clave: candidatos que tengan la habilidad de unir dicha mayoría con el lenguaje de la reconciliación y un proyecto para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.
