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Empresarios: a cambiar el relato en la nueva realidad política

Rafael Orduz

21 de junio de 2022 - 12:01 a. m.

“El azar reparte las cartas, pero nosotros las jugamos”, a propósito del desconcierto de muchos empresarios con el resultado electoral.

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La siembra de prejuicios durante la campaña electoral ha polarizado aún más el país. Muchos empresarios, pequeños, medianos y grandes, ante la posibilidad, ahora el hecho, de que Gustavo Petro fuera elegido presidente, corren el riesgo de adoptar narrativas que no conducen a materializar lo que a muchos les enseñan la vida y las escuelas de negocios: saberse adaptar a los cambios de forma creativa. El actual, con los resultados del domingo, es uno de esos contextos que reclaman la creatividad empresarial para multiplicar la generación de valor en el país. Y de empleo.

Es tiempo de examinar tales prejuicios y valorar, pese a todos los problemas que conocemos (inequidad social y económica, corrupción, omnipresencia del narco, grupos armados, asesinatos), la solidez de las instituciones colombianas, de su economía.

No hay espacio para plasmar todos y cada uno de los prejuicios. A riesgo de esquematizar, incluyo algunos de los que circularon en medios empresariales como el genérico de la “venezolanización”, “castrochavismo”, así como los que hicieron carrera durante la campaña como “exprópiese”, “emisión desmedida de dinero para financiar gasto social”, “Petro no entregará el poder”, “la inflación de disparará y consumirá el valor adquisitivo de las pensiones…”, etc… En una palabra: la idea de que no habrá clima favorable a los negocios.

Los resultados del domingo, aunque otorgaron un claro triunfo a Petro, también mostraron un apoyo sin precedentes a la candidatura del ingeniero Rodolfo Hernández, insólito personaje que no llegó de las huestes de la política y que derrotó, en primera, al elegido por los gurúes de la política, Uribe, Gaviria, Pastrana, Chares y otros. Dos significados al respecto: primero, la gente, tanto la que votó por Hernández como por Petro, está hastiada. Sí, hay que asimilarlo: la política tradicional fue derrotada; el ciclo iniciado en el 2002 llegó a su fin. Segundo, el ganador no tiene carta blanca: debe someterse, como ocurre en las democracias, a las reglas de juego, al juego entre los tres poderes, al escrutinio de los propios adeptos y de los que votaron por la otra opción, al cuarto poder, el de los medios… y el de las redes.

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Hay motivos de orgullo que, con certeza, serán tenidos en cuenta, de forma positiva, por las calificadoras de riesgo: la reducción de la abstención, la entrega rápida de resultados, el holgado triunfo de Petro, el reconocimiento del triunfo de parte del perdedor y del gobierno nacional, no hacen más que validar la solidez de las instituciones de la democracia colombiana. ¿Recordamos el tierrero, a partir de falsedades, que armó Trump a partir de noviembre del 2020, la toma violenta del Congreso en enero 6 del 2021, las mentiras que sembró, el daño que le hizo a la democracia de los EE. UU.? Algo de tal calibre no ocurrió en Colombia.

Los empresarios se adaptan de manera creativa a los cambios. Por tal razón no deben caer en narrativas que ya se escuchan a distintos asesores empresariales. Parecen una exageración y sólo muestran sus prejuicios. Las he escuchado del siguiente tenor: “Empresarios, hay que sacar la mayor cantidad posible de dinero. No invertir en el país (por ahora, dicen), hacerlo afuera. El alza de la tasa de interés de parte de la Reserva Federal ayudará…”.

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Son recomendaciones que hacen caso omiso del momento de la economía, de los poderosos vagones de la demanda agregada colombiana, comenzando por el consumo, que muestra poca confianza en el sistema democrático colombiano, de la estabilidad de la moneda pese al alza de la inflación.

Hay cortes, hay Corte Constitucional que examina cada ley, hay, pese a todo, órgano legislativo sometido a reglas de juego para el trámite de proyectos y de actos legislativos que pretendan introducir cambios en la Constitución. Hay Banco de la República y junta directiva, sometidos a normas que nadie puede alterar a voluntad.

Y hay, detrás de los cambios, oportunidades derivadas de políticas del nuevo gobierno: mayor equidad, compromiso en la lucha contra el cambio climático, paz y reconciliación no hacen más que fortalecer lo que algunos llaman la “confianza inversionista”.

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“Es el timón del marino y no el viento el que determina el camino a seguir…” debería ser lema empresarial.

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