El fuego amigo podría hacerle más daño al gobierno de Gustavo Petro que las campañas de la oposición. Algunas decisiones y escaramuzas en las que toman parte congresistas y líderes del Pacto Histórico parecieran dar la impresión de que las diferencias internas se zanjan de forma autodestructiva.
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Es obvio que hay temas que suscitan debate. La reforma tributaria, el remezón en la Fuerza Pública, el propósito de paz total, la transición energética, la difusión del informe de la Comisión de la Verdad en colegios, han sido algunos de los motivos de críticas de parte de la oposición y, en algunos casos, de sectores independientes. Afectación de la canasta familiar, desmoralización de los miembros de la Policía y el Ejército, impunidad en favor de organizaciones del narcotráfico, renuncia a las divisas de los hidrocarburos, lavado del cerebro a niños y jóvenes han sido algunos de los argumentos, exagerados o no, esgrimidos en relación con distintas políticas que el gobierno entrante busca poner en marcha.
Hay, por fortuna, un clima de intenso debate que no se conocía en Colombia. Que la reforma tributaria haya sido presentada recién posesionado el ministro de Hacienda, que sus aspectos principales hayan sido divulgados por el gobierno, que los funcionarios hayan estado dispuestos al escrutinio público, ha contribuido a que múltiples sectores se pronuncien de manera oportuna.
Sin embargo, está ocurriendo algo que no beneficia en nada al gobierno Petro: el fuego amigo. Se están presentando, día a día, escaramuzas por temas que carecen de dimensión estratégica, llenos de referencias y ataques personales dentro de las mismas toldas de quienes militan en el Pacto Histórico o son, al menos por ahora, sus aliados. El presidente tendrá que tomar cartas en el asunto.
En una semana hay evidencia abundante de fuego amigo.
La primera, me parece, la del nombramiento, después echado para atrás, de la ministra de las TIC. Hasta el sábado anterior a la posesión se daba por segura, en las propias toldas del gobierno entrante, la designación de la señora Villamizar. Sorpresa mayúscula fue el “cambiazo” a pocas horas de la posesión y, peor, las revelaciones de Daniel Coronell acerca de un cúmulo de indelicadezas contractuales y de conflictos de interés de parte de la nominada, amén de resultar pareja de alguien cercano al presidente. ¿No hubo quién revisara en detalle el recorrido de la protagonista, la dra. Mery Gutiérrez, antes de lanzar la decisión al público?
En la misma línea se encuentra el nombramiento del ministro de Transporte, Guillermo Reyes. No hay que repetir los argumentos de Rodrigo Uprimmy (La Silla Vacía, 13.08.22): el señor es autor de sucesivos plagios, indelicadezas conocidas con la suficiente anticipación. Fuera de las amenazas de demanda que ha proferido el nuevo ministro, estará expuesto a la descalificación pública, un desgaste innecesario para un gobierno que requiere de una larga luna de miel.
Las demás dan algo de pena, comenzando por la elección de contralor. A canillazo limpio, con toda suerte de descalificaciones a los principales candidatos, Rangel y Rodríguez, fuerzas aliadas al gobierno y las del PH, independiente de quién salga ungido, conseguirán que la elección carezca de la legitimidad necesaria. Ha sido un novelón que ha develado fuertes discrepancias entre aliados del petrismo, amén de la renuncia de varios de los integrantes de la comisión accidental creada para acelerar el proceso.
El tema de la rebaja de los salarios de los congresistas, pospuesto para el 2026, tuvo esta semana un giro: el senador de 30 años, Jonathan Ferney Pulido (conocido como Jota P. Hernández), youtuber santandereano que obtuvo la mayor votación para Senado dentro del Partido Verde, hizo la propuesta de rebajar en 11 millones de pesos los ingresos por la vía de modificar una ley que reglamenta una prima especial para los padres y madres de la Patria. Fuego amigo: algunos congresistas del PH firmaron la propuesta de Jotapé, otros callaron y otros se opusieron y se enfadaron por la publicidad que se le dio a los silencios. Queda el sabor de la falta de compromiso con la consigna de reducción de dichos ingresos.
Finalmente, en público, el senador Roy Barreras emplazó a la ministra de Minas y Energía por el tema de la transición energética. Y en público, Barreras recibió, de parte del propio petrismo, agresiones que parecieran provenir de enemigos consumados.
Pareciera que no hay voceros de bancada, que cada congresista tiene su propia oficina de prensa, que cada cual da línea a nombre del PH. Por supuesto que el debate siempre es bienvenido, que la unanimidad es mala señal. Sin embargo, decisiones apresuradas y la carga de agresión entre aliados no tiene justificación en un gobierno que busca la paz total, que busca mayorías en el Congreso y ejecutar sus políticas de forma eficiente.