Se habla de reindustrialización. No solo desde el petrismo, sino de sectores que quizá sientan nostalgia de la época de la programación andina, del “carro colombiano”, de la protección selectiva… Desde luego, producir más y mejor, con respeto por el medio ambiente y creando empleo es posible. Sin embargo…
Ha pasado mucha agua bajo los puentes desde la época de los gremios empresariales, particularmente los que representaban segmentos (o al conjunto) de la industria manufacturera colombiana. El mundo de hoy no es el mismo que el de los 80 del siglo pasado, época de un repertorio más o menos simple de la acción de aquellos: promover las compras públicas, protección arancelaria, seguimiento infinitesimal al Incomex, el verdadero Ministerio de Industria de entonces, para promover o frenar importaciones, de acuerdo con los intereses del aparato industrial.
Distintas tecnologías, cuya adopción crece de forma exponencial, han dado al traste con los viejos conceptos de “industria” y han causado una verdadera revolución en la forma en que se articulan los distintos eslabones de las cadenas productivas y de suministro.
Varios aspectos son relevantes a la hora de referirse a la “reindustrialización”. Algunos de ellos:
Primero, hay un patrón de cambio estructural que, lo sabemos, apunta a que el sector de servicios, para un país del nivel de ingreso de Colombia, represente una proporción de alrededor del 70 % del PIB. Sin duda, el segundo sector es el de la industria y, finalmente, el terciario. En países de alto ingreso la agricultura no pasa de representar el 2 % del PIB. En Alemania, potencia industrial, no más del 27 % del PIB proviene de la industria. Los servicios, testarudos, absorben el 70 % del PIB.
En segundo lugar, las fronteras entre “industria” y “servicios” es cada vez menos nítida. El valor agregado manufacturero, en múltiples sectores, más allá de la producción de bienes físicos, contiene elementos dinámicos, de creciente valor, asociados a los servicios. Y viceversa: del área de servicios provienen bienes físicos de alto valor. Así, en el primer caso, la venta de maquinaria agrícola en el mundo actual trasciende el mundo de la eficiencia simple de los equipos: el acceso a plataforms digitales y a modelos predictivos (condiciones del tiempo, uso oportuno de fertilizantes, etc.). En el segundo, baste recordar que una plataforma de servicios como Amazon, con el propósito de vender sus libros digitales y las millones de referencias de bienes, también nos ofrece las tabletas Amazon (Kindle). Bueno, ya que hablamos de industria automotriz, los vehículos son, cada vez más, medios de comunicación. El extremo, el de los vehículos inteligentes sin conductor, se refiere a un medio que está leyendo, de manera infinitesimal, las señales del entorno por el que transita.
Tercero, hay aspectos de la tecnología que, en poco tiempo, quizás dos lustros, alterarán, de manera radical, la concepción que aún tenemos de diversos sectores industriales. Sólo para mencionar una de ellas, la de la impresión digital 3-D, podremos entender que la industria del calzado, quizás en una década, no será la de hoy. Imprimir los zapatos a la medida, en cualquier lugar de la geografía acaba con la idea tradicional de la fábrica localizada, digamos en Cúcuta, Bucaramanga o el barrio Restrepo de Bogotá. O el sector de la construcción: si en un futuro no lejano (de hecho, ya es una realidad tecnológica) se pueden “imprimir” puentes in situ, se puede entender que la cadena de suministro del sector, el tipo de empleos, cambiará radicalmente.
¿Hay espacio para lo que podríamos llamar “sectores tradicionales” industriales? Por supuesto que sí, aunque sólo en la medida en que se acerquen al concepto de “industria como servicio”, a la realidad de las cadenas planetarias de suministros contemporáneas.
La creación de empresa que está ocurriendo en Colombia en el sector de servicios (“start-ups” y otras) va de la mano, con frecuencia, del mundo de los bienes físicos. No resulta apropiado separar “industria” de “servicios”.
Las estrategias de formación, de inversión en ciencia y tecnología, deberían tener en cuenta algunas de las observaciones realizadas.