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Hay deudas impagables que tienen las generaciones anteriores con las de los llamados “millenials” (los nacidos en los 80 y comienzos de los 90), los de la “generación Z” (nacidos entre finales del siglo XX y 2010) y los de la “generación alfa”, los llegados a partir de 2010. Son muchas, aunque pueden sintetizarse en haberles legado a jóvenes adultos, adolescentes y niños un mundo con altas inequidades sociales y económicas, con amplios sectores de la población no cubiertos por la seguridad social y un planeta en peligro por el cambio climático desbordado, resultante de la codicia y la ausencia de visión de largo plazo.
La pandemia ha agudizado las desigualdades y la percepción de incertidumbre de los jóvenes de cara a su futuro. Ira, decepción, sentimiento de haber sido traicionados por las generaciones de los mayores son denominador común. También, deseos de tomar las riendas e impulsar formas y visiones innovadoras.
Aunque el fenómeno es mundial, en Colombia hay dos aspectos que hacen aún más crítica la situación de los menores de 30: un modelo económico que, en las buenas y las malas, genera altas tasas de desempleo en los jóvenes, por un lado, y los altos índices de violencia en contra de ellos, por otra. Una proporción importante de los líderes sociales asesinados (incluyendo dirigentes ambientales) son jóvenes, como lo son los muertos en las jornadas del paro nacional, incluidos servidores públicos. Se suma la indiferencia frente al futuro de jóvenes y niños: no es tema prioritario en la agenda pública de largo plazo.
A instancias del Foro Económico Mundial y con el concurso de “Global Shapers Community” (que podría traducirse como “moldeadores globales”, una red mundial de jóvenes impulsada por el FEM, en la que participan nodos en Bogotá y Medellín) se lanzó el Plan de Recuperación de la Juventud (FEM, Agosto 2021*). 19.000 jóvenes entre 20 y 30 años de 187 países fueron entrevistados y miles participaron en más de 300 diálogos sobre 10 temas considerados críticos: consumo consciente, acceso y alfabetización digital, democracia política, trabajo inclusivo, salud mental, acción climática, responsabilidad empresarial (ambiental, social y de gobernanza), salud pública y seguridad pública (para mujeres, comunidad LGTB, minorías, jóvenes protestantes).
El diálogo intergeneracional, el reconocimiento y la consulta a las comunidades, el cuidado amable y considerado con los diversos grupos poblacionales, son algunos de sus principios. “Seremos auténticos, vulnerables y radicalmente incluyentes. Protegeremos nuestro planeta y nuestro futuro común”.
Dentro de la complejidad de los temas, vale la pena resaltar lo que los jóvenes dicen acerca de las competencias que deben tener los dirigentes políticos: liderazgo responsable con visión de sostenibilidad; respeto por la diversidad y la inclusión; compromiso con la innovación; calificaciones académicas; comprensión de los retos de la cuarta revolución industrial; secularidad.
Las empresas deben reflexionar: los jóvenes exigirán productos elaborados de forma sostenible, empresas que no contribuyan al efecto invernadero, que no afecten las fuentes de agua, justas con las comunidades.
Los jóvenes no solo son importantes por asuntos demográficos. Son los llamados a innovar y a comprender los enormes retos presentes y futuros de nuestra sociedad.
*Youth Recovery Plan, WEF, Global Shapers Community, 2021.
