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La anticultura de la educación

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Rafael Orduz
08 de abril de 2014 - 01:12 a. m.
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La clase dirigente colombiana, la política y la empresarial, carece de una cultura que promueva el valor del conocimiento. Con excepciones, los valores no están en la educación de calidad.

Los resultados del Pisa son tan sólo una manifestación de la ausencia de cultura ciudadana alrededor del significado de la educación y ciencia y tecnología en el desarrollo social y económico de Colombia. En el caso del Pisa, el tema no se reduce a los niños y jóvenes mal preparados por maestros ídem.

Es más grave: se trata de una abrumadora mayoría de líderes políticos, empresariales, académicos, de los de medios de comunicación, que no comprenden el rol del conocimiento y la educación en la vida cotidiana de todos y cada uno de los habitantes de este país. No es de extrañar que no le otorguen prioridad alguna a formar cultura ciudadana y que sólo se refieran a uno que otro tema en función de la coyuntura mediática. A veces, con la insolencia de funcionarios públicos, como en el doloroso (y repetido) caso del Pisa

Hay que salir de una vez por todas del cuento de la educación restringida a niños y jóvenes, y a la adquisición de cartones. Títulos abundan y se ofrecen, más o menos de forma fácil, por ejemplo, en el caso de numerosos establecimientos de educación superior colombianos, españoles o argentinos.

La educación es de toda una vida en los individuos y la sociedad, particularmente en una era en la que la innovación y los cambios tecnológicos ocurren a velocidades vertiginosas.

El mundo de la ciencia y la tecnología nos avasalla a diario. Suprime las formas en que hacíamos nuestro trabajo y las reemplaza por otras que, a su vez, se vuelven obsoletas con rapidez. Organizaciones e individuos que no se actualicen están perdidos.

La cyt y la educación están presentes en la vida de todos y cada uno. Debería traducirse en los hábitos alrededor de la nutrición, la salud, el transporte y el respeto climático. El ocio y el entretenimiento, escuchar y producir música, están atados a la tecnología.

Se requiere una cultura que propicie el estudio de las matemáticas y las ciencias, independientemente de su utilidad, simplemente porque requerimos de jóvenes críticos que sepan pensar. De un país que, con una de las mayores riquezas en biodiversidad, podría derivar poderosas ventajas en el concierto mundial, basadas en el conocimiento.

La clave está en la participación ciudadana. Una cultura que obligue a quienes toman decisiones públicas a pensar y actuar seriamente alrededor de la educación, que deban rendir cuentas por su calidad. Que conduzca a la elección de gobernantes responsables que promuevan la calidad. Cultura ciudadana en la vía de Mockus.

Hay notables excepciones que la promueven. Líderes como Nora Elizabeth Hoyos (Maloka), quien invierte la mayor parte de su tiempo buscando recursos y que tiene la película de cultura en cyt clara. O Fajardo y Ángela Restrepo en Antioquia.

Los ciudadanos tenemos la palabra.

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