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La banalización del caso MinTic

Rafael Orduz

16 de agosto de 2021 - 09:59 p. m.

Eterno retorno: lo sucedido con MinTic con el proyecto Centros Digitales y la adjudicación a la Unión Temporal Centros Poblados es una muestra más, dolorosa, de cómo el Estado colombiano falla en su capacidad de ejecutar un proyecto que contribuiría a mitigar desigualdades sociales y económicas inaceptables, como es la falta de acceso a internet en zonas rurales. Como reacción, la opinión pública es orientada, de nuevo, por algunos políticos y medios de comunicación, hacia la banalización del tema: en si la ministra cae o no, si será gobernadora del Atlántico, si los recursos desembolsados ya son irrecuperables…

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Banalizar es parte de la rutina frente a los escándalos. Los fracasos en los proyectos de infraestructura, sea el túnel de La Línea o la conectividad, tienen un impacto sobre la población que nadie mide y que va más allá de la política menuda que rodea la toma de decisiones. En este caso, la tribuna estará atenta al bocado político de cardenal en época preelectoral que no exigirá que se realicen debates y propuestas viables para superar la brecha de internet, el tema central. Brecha que hoy es más grave de lo que en su momento fue la falta de acceso al agua potable.

Sin duda, el cuento de la adjudicación para instalar 14.745 centros digitales en 32 departamentos (que, en su momento, hace un año, cuando fue anunciado el proyecto, fue recibido con entusiasmo), es una verdadera vergüenza. La parte adjudicada a Comcel, pese a los retrasos, marcha. Sin embargo, que los bandidos se hayan salido con su tajada a través de la Unión Temporal Centros Poblados en un proceso en el que falsificaron documentos como las garantías bancarias sin que, aparentemente, MinTic se percatara, es, por decir lo menos, escandaloso y alarmante.

Se pierde con facilidad, no obstante, el significado de la gravedad, para millones de hogares, de la ausencia de conectividad. La pandemia puso sobre el tapete la brecha en el acceso a internet en Colombia que, lamentablemente, es hoy mayor. Teletrabajo y estudio virtual fueron empresa imposible para quienes carecen de acceso y de dispositivos. La inequidad en materia educativa es hoy más profunda que hace dos años justamente porque los niños y jóvenes, particularmente los que viven en zonas rurales, oscilaron entre las enormes dificultades y la imposibilidad de acceso a la educación virtual. Haber estado por año y medio fuera de las aulas marcará para todas su vidas a millones de niños y jóvenes.

El proyecto fallido aplaza aún más la superación de tales inequidades en medio país rural.

Planeación Nacional, en el documento Conpes 4001, base para la formulación del proyecto Centros Digitales, ilustra la situación en el campo colombiano, propia de los países subsaharianos más atrasados: “Durante 2018 sólo el 4,3 % de los hogares rurales contaban con conexión a internet fijo, en comparación con 50,8 % de las zonas urbanas”. Por otra parte, aunque los diagnósticos sobre acceso a dispositivos e internet del DANE son pre-pandémicos (2018), la situación es muy grave: sólo el 47 % de los hogares colombianos tenían acceso a internet y menos a un computador portátil, un PC o una tableta.

Los crónicas heroicas de docentes rurales comunicándose en plena pandemia con sus alumnos por la vía de WhatsApp, de la colaboración entre familias del campo compartiendo los costos de servicios móviles prepago, de las clases impartidas en emisoras comunitarias, tienen el ingrediente de la creatividad y la solidaridad en regiones apartadas del Caquetá, el sur del Tolima, Córdoba y tantas otras y producen inmensa admiración. También, tristeza e impotencia ante la incapacidad pública y la banalización del tema.

El desafío es claro: acelerar la construcción de infraestructura para que los hogares rurales y los urbanos desfavorecidos cuenten con acceso a internet y a los dispositivos requeridos.

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