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El acuerdo de la coalición que sustituirá al gobierno encabezado por Angela Merkel es un marco de referencia para aquellos a quienes nos cuesta gran trabajo dirimir diferencias.
El contenido del acuerdo fue el resultado de negociaciones entre partidos que guardan grandes diferencias en algunos ámbitos, particularmente el de la política fiscal. Ejemplar fue la voluntad de las partes para poner sobre el tablero sus diferencias y encontrar espacios en los que todos debían ceder. Que los socialdemócratas, bajo el liderazgo de Olaf Scholz, ahora nuevo canciller alemán, pudieran sentarse en la misma mesa a armar un programa de gobierno con los partidos verde (GP) y liberal (FDP), algo inimaginable hace pocos años, es una muestra de madurez política de la que deberíamos aprender.
Más allá de los detalles programáticos, la coalición refleja los anhelos de la compleja sociedad alemana. Respeto por el medio ambiente, inversión social hacia la equidad, y ello en armonía con la austeridad fiscal. Parecería la cuadratura del círculo y es, en realidad, el camino que deben tomar las sociedades modernas. Energías renovables, inversión en investigación y desarrollo como premisa indispensable para la transición energética, construcción de vivienda (porque “la cuestión social” en la Alemania de hoy está determinada por la inequidad en el acceso a la misma; el Estado se meterá la mano al dril financiando el 25 % de las nuevas viviendas ). Es el programa de la coalición del semáforo, por los colores distintivos de los aliados, también un símbolo de la complementariedad entre el verde, el rojo y el amarillo en la creación de riqueza: de forma limpia y equitativa.
La estructura de algunos de los ministerios en Alemania es también muestra de cómo interactúan ámbitos que en otras latitudes operan de manera compartimentada. El ministerio federal de economía y protección del clima liga, por definición, el crecimiento económico a la cuidado del medio ambiente por la vía de las energías renovables y la digitalización. Por su parte, el ministerio de transporte e infraestructura digital alberga no solamente el sistema vial y férreo, y los sistemas logísticos, sino el transporte del oro del siglo XXI: la información. Algo análogo se puede afirmar del ministerio de educación e investigación: le compete la educación, en todos sus tramos (incluida la formación vocacional), por un lado, y el sistema científico, verdadera fortaleza alemana en la creación de riqueza, por otro.
En el nuevo gobierno será un líder del FDP el ministro de finanzas (Christian Lindner) y uno del Partido Verde el de Economía y Energía (Robert Habeck). La ministra de Relaciones Exteriores será del verde (Annalena Baerbock, de quien, hace unos seis meses, se creía podría ser la sustituta de Angela Merkel) y el de Vivienda y Construcción provendrá del partido socialdemócrata. Es la coalición de partidos diferentes.
El contenido programático del acuerdo está precedido de una perla: “Nuestra máxima es una sociedad libre en la que la igualdad entre mujeres y hombres, así como de diversos proyectos de vida y biografías, tengan su lugar. Nos une el entendimiento de Alemania como sociedad de inmigración diversa… Nos manifestamos en contra de cualquier discriminación… Una democracia fuerte vive de las personas que la integran. Necesita de una cultural diversa y de medios de comunicación libres…”
