La economía crecerá en el 2021 en medio de graves inequidades sociales y económicas agravadas por el paso del COVID-19. Ante la pobreza alarmante, sólo cabe un nuevo pacto social.
A menos que los contagios de alguna nueva cepa obliguen a más confinamientos (está ocurriendo en Italia), la economía colombiana crecerá en el 2021 en más del 5 %. Así lo estima, por ejemplo, Corficolombiana, que, además, considera que el país conservará su grado de inversión, que no habrá exabruptos alrededor de la tasa de cambio y que la inflación se mantendrá baja.
Ayudarán los precios en alza del petróleo y el repunte de la demanda en los Estados Unidos, reforzados con la reciente ley Biden que inyectará US $ 1.900 billones al consumo gringo. Son buenas nuevas.
No obstante, el crecimiento en Colombia ocurrirá con altísimas tasas de desempleo e informalidad y, por ende, mayor pobreza. Muy malas noticias.
Colombia no es el único caso en América Latina, aunque en materia de desempleo puede dictar cátedra.
El paso del COVID-19 ha representado una tragedia en la región. Con el 8,4 % de la población mundial, América Latina ha aportado el 28 % de los muertos. Colombia, sin el bárbaro de Bolsonaro, ha contribuido con una tasa por millón de habitantes muy cercana a la del Brasil. La Cepal proyecta que el número de pobres aumentó a 209 millones (el 34 % de la población total) y, dentro de ellos, la pobreza extrema va en alza. Sectores de clase media se deslizan con rapidez hacia la pobreza. Años de política pública se han ido al traste. El desempleo y el aumento de la informalidad han afectado, sobre todo, a las mujeres, a los jóvenes, a los afrodescendientes e indígenas.
No conocemos aún las cifras acerca del grado de deterioro en los niveles de pobreza en Colombia, aunque sí sabemos, por el Dane (a enero 2021), de la gravísima situación del mercado laboral. La tasa de desempleo en los jóvenes (14 a 28 años) es del 22,5 % (para las mujeres jóvenes es del 30,2 %). La informalidad en 23 áreas metropolitanas es del 49,2 %, una proporción alarmante. ¿Cuáles son las perspectivas de los jóvenes ibaguereños con una tasa de desempleo del 33 %?
Las transferencias monetarias y en especie para mitigar las consecuencias de la pandemia fueron insuficientes para frenar la avalancha hacia la pobreza.
¿Cómo salir del drama? Cepal lo plantea así: es imprescindible, además de aumentar las transferencias decretadas durante la pandemia, un nuevo pacto social centrado en bienestar y derechos. Para ello es necesario un nuevo pacto fiscal. No se trata, simplemente, de “aumentar el gasto social” ni de una nueva reforma tributaria. Se trata de políticas encaminadas hacia la protección social universal, hacia la sociedad del cuidado. De un Estado del bienestar que promueva el acceso universal a la salud y la educación de calidad, a sistemas integrales y sostenibles de protección social.
Una economía del cuidado que además de salud y educación promueva la inclusión digital y el acceso a la vivienda digna, al agua y el saneamiento.
Antes de la pandemia las muestras de malestar social venían en alza. El confinamiento y las medidas del distanciamiento sólo han aplazado masivas movilizaciones que hoy estarían aún más motivadas por el agravamiento de la pobreza. La caída en la popularidad de algunos alcaldes, el aumento de la inseguridad en las ciudades colombianas, son sólo algunos signos.
Sólo un nuevo pacto social puede hacer que Colombia sea viable.