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Vacunas: aplauso… y pensamiento mágico

Rafael Orduz

21 de diciembre de 2020 - 10:15 p. m.

La gestión del Gobierno Nacional alrededor de la adquisición de 40 millones de dosis de vacunas, 10 millones de Pfizer, 10 de Astrazeneca y 20 por la plataforma COVAX, merece un reconocimiento de la sociedad. Hay buen ministro de Salud, Fernando Ruiz, sobrio, que inspira confianza, buen comunicador y articulador de esfuerzos con los mandatarios locales. Y, sin duda, un enhorabuena a su jefe, el presidente Duque, independiente de cualquier otro tipo de objeciones que muchos tengamos en otros ámbitos. Se percibe una luz en este oscuro 2021, un túnel que jamás hubiéramos imaginado en la Nochebuena de hace un año.

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Sin embargo, el proceso de vacunación hay que verlo en su complejidad. Ya muchos piensan que de ésta salimos ya, que pronto estaremos de vuelta a la normalidad plena. Pensamiento mágico, parejo a la indisciplina social. Cuando el presidente dice que en febrero se inicia la aplicación de las vacunas, está refiriéndose a un largo camino que tomará muchos meses para coronar con la cobertura universal de la población.

Durante los próximos meses el mundo seguirá inmerso en la ola creciente de contagios y muertes, en la saturación de los aparatos hospitalarios de urgencias en distintas latitudes. Las reacciones de parte de los gobiernos están a la vista. En Alemania se ha ordenado el cierre de todos los negocios con excepción de farmacias, supermercados y algunas sucursales bancarias. Londres ha quedado aislado y naciones europeas han prohibido, por algunas semanas, el ingreso de súbditos británicos. Y así sucesivamente…

Son varios los aspectos que debemos considerar, entre ellos dos: la fase de alza en los contagios en la que nos encontramos, primero, y el complejo proceso de distribución de la vacuna, segundo.

Primero: alguien comparó la vacuna contra el Covid con un extinguidor apagando un incendio; podrá ser de primera calidad y, con certeza, muy útil para extinguir las llamas. Sin embargo, la velocidad en que muchos extinguidores las puedan suprimir dependerá de la magnitud de la conflagración. A corto plazo no hay máquina de bomberos que pueda mostrar resultados si el incendio es de gran tamaño. El del Covid, en esas semanas y las que vienen, señala un crecimiento sin precedentes en el 2020, tanto en el número de contagios activos como de muertes. Más de 700 mil contagios nuevos diarios a escala planetaria, más de 10 mil muertos cada día son las cifras previas a esta Navidad. Y en Colombia, ya hace varios días, también estamos superando los niveles de hace tres meses, en uno y otro indicador, y vamos en alza.

Para que el incendio no sea mayor a lo que ya es, no tenemos alternativa diferente a la de bajarle a la indisciplina social y aplicar las medidas del distanciamiento social. Seguir con las aglomeraciones en los restaurantes y en el comercio, con el auge de las reuniones familiares, es la manera más expedita para quitarle fuerza a la velocidad con que la vacuna pueda ayudarnos.

En cuanto a la vacuna, segundo: una cosa es el proceso de investigación y desarrollo, propio de países y empresas con honda cultura y prácticas científicas y tecnológicas, que conduce a las innovaciones, y otra el de la comercialización y distribución y, finalmente, aplicación de las vacunas. Nadie ha dado el dato exacto de los tiempos del proceso en Colombia porque, simplemente, se desconoce. Algunos hablan del 2022, si la distribución y la vacunación ocurren de forma transparente, es decir, atendiendo a las necesidades y prioridades de la población. En todo el mundo, los mejor ubicados en la escala de ingresos están disputándose los primeros puestos en la larga fila india y los políticos le están metiendo mano a las líneas de distribución.

Hay, entonces, que prepararse para varios meses de pandemia con todas sus expresiones letales sanitarias y económicas, con la obligación de cuidarse cada uno para cuidar a los demás. La faena del ministro de salud será completa si logra poner en cintura a los que hacen “lobby” para obtener vacunación privilegiada, vengan del dinero o de la politiquería.

Feliz Navidad.

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