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21 Aug 2022 - 5:30 a. m.

El impuesto al patrimonio

Contrario a la percepción actual, el impuesto al patrimonio no es común. Entre economistas genera controversia. El impuesto al patrimonio actúa aunque el patrimonio no rinda nada. Su único mérito, si es que lo tiene, es que reduce el patrimonio de unos para transferirlo a otros.

El impuesto al patrimonio en Colombia ha tenido una característica muy desafortunada. Para la mayoría de la poca gente que lo paga, implica doble tributación sobre activos que no rinden o rinden poco. La mayor parte del patrimonio de la gente que llega al umbral es finca raíz. Esta ya paga un impuesto al patrimonio, que se llama predial. En Bogotá, el predial ha subido casi 50 % en términos reales en siete años. Que no vaya a las arcas nacionales sino a las municipales es otro tema.

Cuando la gente acumula un patrimonio inicial, compra una vivienda. Cuando acumula un poco más, hace una de dos cosas. Compra una casa de recreo, que también paga predial y tampoco genera renta, o invierte, con frecuencia en finca raíz (un apartamento, un local, una bodega), para tener un ingreso adicional. Aquí sí se generan rentas, gravadas al 39 %.

El alquiler de un inmueble puede ser del 6 % de su valor. Si paga 1 % de predial y paga renta a la tarifa máxima, el inmueble rinde 3 % anual, como la inflación de 2019. Se dirá que la valorización debería cubrir la inflación y el 3 % debería ser un retorno real. En ese caso, el impuesto al patrimonio representaría un gravamen sobre el retorno neto de otro 33 %. Pero en Bogotá el precio de la finca raíz está estancado. Si se añade un impuesto al patrimonio, la finca raíz tiene un retorno negativo.

El impuesto al patrimonio existe en tres países europeos. Existe en España, aunque muchas comunidades no lo cobran, pero allá no existe el predial. En EE. UU., la senadora Warren ha propuesto, sin eco, un impuesto al patrimonio de 2 % a los patrimonios mayores a US$50 millones. Los patrimonios de esta magnitud son patrimonios invertidos, no casas de recreo ni apartamentos de residencia habitual. Aun teniendo en cuenta la diferencia de ingreso entre EE. UU. y Colombia, esto equivaldría a imponerlo a patrimonios superiores a US$5 millones. En cambio, incluyendo el predial, acá habría impuestos de 2 % sobre patrimonios de finca raíz de US$1 millón. Es muy posible que baje el valor de la finca raíz, dando un doble golpe a los propietarios.

Cuando un gobierno anterior alegó a que el impuesto al patrimonio iba a ser excepcional, la Corte Constitucional permitió incluir la finca raíz en la base gravable, a pesar de que la Constitución establece que solo los municipios pueden gravar la propiedad inmueble. Hay que ver si mantiene esta jurisprudencia en el contexto actual, en que se pretende que sea permanente. Más allá del tema legal, si se quiere adoptar un impuesto al patrimonio, se debería excluir de la base la totalidad de la finca raíz y, en cambio, acelerar el proceso de actualizar catastros, para que el predial cumpla su propósito. Y, sobre todo, concentrar el esfuerzo del Estado en la tarea real: formalizar a quienes no declaran su renta ni su patrimonio real.

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