La derrota del centro en las pasadas elecciones no es una sorpresa. Un economista político hubiera explicado que, en elecciones con tres candidatos, al de la mitad le va a costar mucho trabajo no perder, puesto que los de las puntas se desplazarán al centro, para comprimirlo, sabiendo que no van a perder a los electores de su propio extremo. De manera análoga, eso es lo que pasó con el Centro Esperanza. En ese contexto, haber participado en esa consulta parece un error de Alejandro Gaviria, que por cierto debe estar familiarizado con ese tipo de análisis. Si no lo hubiera hecho, el Centro Esperanza estaría derrotado, pero él seguiría con vida electoral.
¿O no? El dilema del centro persistirá en la primera vuelta, cuando otra vez los extremos tratarán de desplazarse al centro para asfixiar a los candidatos más moderados. Aunque el análisis es menos claro en contiendas con más de tres candidatos, es muy posible que el resultado sea el mismo. Por ahora, las perspectivas de Fajardo no parecen buenas, a pesar de que, en una segunda vuelta, es muy posible que él tuviera mejores probabilidades contra Petro que Fico. Esto se explica porque, en la segunda vuelta, los dos candidatos tendrán que tratar de ocupar el centro de la distribución y es posible que a Fajardo, que ya está en el centro, le quede más fácil desplazarse a la izquierda que a Fico.
Estas conclusiones, como lo señalaría un experto en teoría de juegos, dependen de las características de la segunda vuelta. Es posible que, dada la naturaleza recursiva de este tipo de análisis, en donde primero se debe ver qué pasará en la segunda vuelta, antes de pensar en qué pasará en la primera, el comportamiento estratégico, aun para electores con preferencias de centro-derecha, sea votar por Fajardo. La razón es que a Fajardo le quedaría más fácil quitarle votos a Petro entre electores de centro-izquierda que creen que el Pacto Histórico es demasiado radical, con sus promesas de una rectificación extrema.
La política no es unidimensional, como este tipo de análisis teórico, y siempre hay espacio para otros factores. Además, hay límites a la capacidad de desplazamiento ideológico de los candidatos. En este caso, a pesar de que algunos sectores lo identifican con un uribismo desgastado, Fico tiene menos lastre que Petro, a quien le costará mucho más trabajo parecer y ser de centro. Por eso, no se entiende que haya escogido a Francia Márquez como compañera de fórmula, pues parece desplazarlo todavía más hacia una parte del electorado que no está en juego. A menos de que piense que la necesita para movilizar a su propio electorado. En todo caso, su triunfo depende de que el electorado, como ha ocurrido en otros países del continente, se sienta cómodo nadando en aguas que hasta hoy no conoce.
En el contexto actual, muchos columnistas han comentado sobre la envidiable posición de César Gaviria y el Partido Liberal. Según dicen, tienen en sus manos definir la elección, si logran dirigir el centro, que supuestamente representan, hacia la derecha o hacia la izquierda. Habrá que ver si es así. Pero este análisis, en todo caso, es de coyuntura. El Partido Liberal está en una encrucijada seria. Frente al desprestigio de la guerrilla, en el pasado no tenía una amenaza electoral a la izquierda y se podía desplazar al centro sin el temor de descuidar ese flanco. Pero las fuerzas petristas parecen haber encontrado un lugar sólido en el espectro y empujado al Partido Liberal hacia los terrenos pantanosos del centro. Le va a costar trabajo sobrevivir allí y no se puede descartar que le pase lo mismo que a su homónimo inglés, hace exactamente un siglo, que fue desplazado por el partido laborista y no se ha recuperado.