Robert Pindyck, importante economista de MIT, publicó un interesante libro: Climate Future: Averting and Adapting to Climate Change. En él hace énfasis en lo que hay que hacer para adaptarnos a un mundo más caliente, pues ve improbable que se logre limitar el aumento de temperatura a menos de 2 °C. Está de acuerdo en hacer grandes esfuerzos por reducir las emisiones de CO2, pero no cree —advirtiendo que existe incertidumbre en la cadena de cálculos— que logremos disminuirlas a la velocidad requerida. Por eso, también es importante tomar medidas para reducir los efectos del calentamiento.
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¿Qué quiere decir esto para Colombia? Las medidas que tome serían de mínimo impacto global. El país genera menos del 0, 3 % de las emisiones de CO2, con 0,6 % de la población mundial. No es un gran emisor, ni relativo ni absoluto. Tiene un ingreso per cápita, en términos de poder adquisitivo, de US$14.500 (15 % menos que la media mundial). Emite 137 kilos de CO2 por dólar de ingreso, frente a un promedio global de 264 kg CO2/US$. Estados Unidos emite 262 kg CO2/US$; Europa, 199; China, 384. No tiene sentido que Colombia deje de tratar de crecer, con tanta gente pobre, cuando hoy ya tiene una economía que en términos relativos contamina poco y en términos absolutos no contribuye mayormente a las emisiones globales.
Los cálculos de Pindyck sobre deforestación sorprenden. Atribuye a la deforestación anual alrededor del 10 % de las emisiones totales de CO2 (con cálculos de servilleta que se pueden cuestionar). La FAO estima que en el mundo se deforestan 10 millones de hectáreas por año. En Colombia, unas 200.000, 2 % del total. Por lo tanto, la deforestación en Colombia es alta en relación con su población, si esta fuera una métrica sensata. Y es alta en relación con su área de bosques. Colombia tiene trabajo por hacer. Solo que, según Pindyck, esto probablemente tenga un efecto menor sobre las emisiones de CO2 y el calentamiento. (Claro, no se puede descartar que el Amazonas juegue un papel mayor que el que sugiere solo su extensión y la deforestación además causa otros daños). Pero si fuera cierto que el efecto es menor, en comparación con la importancia de generar energía limpia o producir los insumos básicos de la economía de manera más eficiente, será difícil que los países ricos ayuden a proteger el Amazonas con los recursos que en realidad se necesitarían.
Esto no quiere decir que Colombia no deba hacer nada. Debe aumentar la generación con fuentes renovables, promover el uso de combustibles limpios y cuidar los bosques. Pero quizás debe concentrarse más en la segunda parte del libro: las medidas de mitigación. Aquí, estas tienen que ver son la conveniencia de subsidiar la investigación agrícola para desarrollar variedades que sirvan para un mundo más caliente y, sobre todo, proteger las fuentes de agua y los ecosistemas de las que dependen. Un reciente artículo en The Guardian describe los grandes efectos del proyecto de reforestación del río Mosa, en Holanda. La reforestación ambiciosa de cuencas puede ser un ejemplo del tipo de cosa que deberíamos analizar acá, como parte de un plan de desarrollo ambiental, para aumentar la resiliencia de Colombia frente al calentamiento.