Publicidad

Notas de buhardilla

Campaña grotesca

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Ramiro Bejarano Guzmán
21 de junio de 2026 - 05:06 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Es probable que ya nunca más volvamos a asistir a campañas presidenciales respetuosas, inteligentes, con programas y discursos sensatos. Ya hacemos parte de ese nefasto club de naciones en las que triunfan la patanería y la ordinariez.

No se sabe si ganará Abelardo de la Espriella y si tendremos que padecerlo cuatro años hablando de sí mismo, amenazándonos y persiguiéndonos a todos sus críticos, para lo cual contará con el visto bueno de su jefe de debate, el también fascistoide Enrique Gómez Martínez y su impresentable e intrigante entorno íntimo.

Era previsible que eso iba a pasar si los tales “Defensores de la Patria” se convertían en opción real de poder. A Álvaro Uribe Vélez se le debe esta herencia siniestra de haberse valido de unos charlatanes y agitadores de barras bravas, para exaltarlos a la condición de hombres públicos.

Esto es el legado del inquilino del Ubérrimo que gobernó directamente ocho años y cuatro más en el cuerpo ajeno del ex subpresidente Iván Duque, y espera repetir otro cuatrienio con Papucho. Esta aventura no podía terminar de otra forma. Uribe es padre de Paloma, pero también de Abelardo y sobre todo de ese estilo camorrero y degradante de disentir y hacer política. Su propósito nunca fue, ni aun ahora en su retiro forzoso, convencer sino intimidar, como Abelardo y los integrantes de la Gran Consulta.

En efecto, Uribe no deja un libro o un catálogo de consulta, menos un centro de adoctrinamiento, ni nada que permita recordarlo por sus reflexiones, porque está visto que nadie puede escribir sus memorias mientras cabalga sobre sus incorregibles odios y rumiando venganzas. Lo que queda es una colectividad a la que mentirosamente han denominado Centro Democrático, cuando no es más que una congregación de iracundos e intolerantes entregados a la innoble tarea de alimentar la doctrina fascista de aniquilar al contradictor.

Pero además del verbo irrespetuoso, brusco y ofensivo de Abelardo y su tenebroso equipo, está por verse de dónde salieron los millones que financiaron los excesos mediáticos del candidato. Me consta que en muchas carreteras se multiplicaron costosas vallas promoviendo su nombre y el de su sacristán, el santurrón oportunista José Manuel Restrepo.

¿Esos océanos de dinero que nadie ha controlado serán los mismos que también han corrido de noche en la costa atlántica, no solo en Barranquilla, comprando votos aparentemente en secreto, pero sotto voce? No lo sabemos, pero es notoria la alarma que genera tanta riqueza y liquidez que se pretende justificar con el cuentazo de que son recursos propios del multimillonario De la Espriella. A lo mejor tampoco lo sepamos nunca, porque si llegare a ganar Abelardo, no habrá ninguna autoridad capaz de investigar nada, ni medio de comunicación que se atreva a esculcar a fondo esta danza de los millones, porque todos se deslizarán a los nuevos amos, como siempre, y guardarán cómplice silencio muchos por interés y muy pocos porque temen las represalias que ya se ven venir.

La iglesia católica regresó a sus épocas oscuras en las que, bajo el liderazgo de monseñor Builes, brillaron junto a los dictadores civiles Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez Castro. En esta jornada las homilías de reconciliación y unidad que varios obispos y sacerdotes repitieron fueron concebidas para favorecer y motivar sufragios por la ultraderecha. Flojo papel le han prestado a la democracia y hasta estarán orgullosos de que uno de ellos, vestido de civil, esté invitando a los colombianos a consagrar la nación al Sagrado Corazón de Jesús en contra de la sentencia C-350/94 de la Corte Constitucional. Cuando nos creíamos a salvo de indeseables como Alejandro Ordóñez, también perseguidor de “herejes” en nombre de su fe mariana, ahora disfrazado de tecnócrata la divina providencia nos habilita de estadista a quien pretende ser elegido vicepresidente con la ayuda de la virgen, cristo y el espíritu santo.

Ya veremos si coronan hoy, pero que conste que fueron ellos los responsables de haber vulgarizado la discusión pública y de convertirla en una cloaca, el ambiente en el que son imbatibles, porque lo suyo siempre es el lodazal; y que sepan que nuestras plumas no se arredrarán ante sus arbitrariedades que seguro llegarán, porque el que ha sido no deja de ser.

Adenda. Insólito que el embajador en Suecia, Guillermo Reyes, conocido como “Copias Emilita”, al final de su enigmática gestión en Estocolmo haya resultado un chismoso desleal con su país y con quienes lo hicieron ministro y diplomático.

Conoce más
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.