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Notas de buhardilla

Congreso improbable

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Ramiro Bejarano Guzmán
26 de julio de 2026 - 05:00 a. m.
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Si los nuevos congresistas toman en serio sus responsabilidades, es factible que descubramos una generación de hombres y mujeres públicas estudiosas, que prefieren el argumento que el grito o el insulto.

Por supuesto, si eso llegare a ocurrir, nada se le deberá al presidente electo Abelardo de la Espriella (ADLE) ni mucho menos al jefe del Movimiento de Salvación Nacional, Enrique Gómez Martínez, quien mostró su impreparación para el oficio al pretender vestirse de opositor para replicar el discurso de despedida de Petro. Ambos conciben la política como un ejercicio de odios irreconciliables, que es lo que debe superarse.

El mal de la polarización se combate con discusiones ilustradas, sensatas, despojadas de referencias y ataques personales. En esa dirección resultó conveniente que petristas y uribistas coincidieran en no designar como presidente del Senado al candidato del futuro gobierno, no porque estos grupos se hubiesen aliado, lo cual no ha ocurrido, sino porque a ADLE le tuvo que quedar claro que en una democracia el presidente no se manda solito ni se hace su exclusiva voluntad, porque Colombia no es Nicaragua.

Ninguna admiración me suscita el nuevo presidente del Senado, Honorio Henríquez, desde cuando escoltaba a Álvaro Uribe Vélez en sus visitas extrañas y calculadas a la fiscalía, dizque para entregar cartas y pruebas obtenidas en cárceles gringas de distintos expedientes al inefable fiscal Néstor Humberto Martínez. Aún así no me disgustó que hubiere ganado el pulso al gobierno venidero en su escogencia como presidente del Senado. Ninguno de los dos candidatos suscitaba credibilidad ni aplausos, pero que el nuevo gobierno no hubiere podido conseguir el primer triunfo que se veía fácil, es una señal tranquilizadora para la democracia, pero no por lo que salió a explicar De la Espriella, sin convencer, sino porque demostraron que terminaron los días de las presidencias imperiales.

No importa cómo fue que petrismo y uribismo se pusieron de acuerdo para derrotar a ADLE, pero lo cierto es que ese encuentro fue bien recibido por la opinión. Hay que exceptuar esa horda de intolerantes que no se resignan a nada, entre los cuales se destaca el atorrante exparlamentario Gabriel Vallejo, presidente del Centro Democrático, quien prácticamente pidió disculpas en vez de ponderar la única cosa buena que en muchos años hemos visto en el Congreso.

Esa primera escaramuza de la elección del presidente del Senado permite tener la esperanza de que el Congreso que se inicia pueda ser histórico. Para no ir muy lejos, el debate en la plenaria del Senado para decidir si se aprobaba la proposición que le permita a ADLE posesionarse en el Cauca, tuvo intervenciones serias sobre los símbolos civiles y el papel de las fuerzas armadas, como la del senador Rafael Nieto. Son las intervenciones que ojalá se repitan. Finalmente, el Senado aprobó por un estrecho margen la autorización para que el presidente electo se posesione en el Cauca, no precisamente en una guarnición militar, pero falta que la Cámara de Representantes se pronuncie. A propósito: ¿en qué andará el contralor, que parece no preocuparle que ese “antojo” odioso de tinte totalitario y militarista de jurar ante soldados puede costarle al erario no menos de 6.000 millones?

Esto apenas está empezando, porque habrá más deliberaciones inolvidables, como la que tendrá que darse cuando los parlamentarios definan si están conformes o no con el absurdo comentario del próximo director de la Agencia de Defensa Jurídica del Estado -otro de los abogados personales de ADLE- acerca de que este gobierno no necesitará del Congreso porque tramitará pocas leyes. Entonces sabremos si triunfa la idea tenebrosa de gobernar por decreto, como en Estado de sitio, como Laureano y Ospina Pérez, o con unas cortes y un congreso que, aunque improbable, sirvan de contrapeso legítimo a los excesos del embrujo autocrático que se avizora.

Adenda. Caricaturescos esos ministros en trance de posesión que parecen anunciantes de un bazar de pueblo, al permitir que los presenten en un audio haciendo el saludo militar en medio de un ruido infernal y en el que irrumpe un felino mientras los designados obsecuentemente gritan “firmes por la patria”. Salvo la nueva reina del glamour, Marta Lucía Ramírez, quien “desinteresadamente” ponderó la “elegancia” de los futuros ministros, lo cierto es que dan lástima y pena ajena protagonizando el ridículo. Ya veremos cuánto aguantan y cuándo romperán filas.

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