19 Sep 2021 - 5:30 a. m.

Del legado

Al inicio del último año de su desastroso gobierno, Iván Duque está obnubilado con sembrar en la conciencia colectiva lo que supone es la herencia que nos dejará. Con tal fin, en cuanto publirreportaje atiende, de los muchos que le hacen, ha venido construyendo la idea de que cuando salga del gobierno y empiece el implacable juicio de la historia será recordado como el mandatario que logró la equidad entre sus compatriotas.

Es imposible que Duque logre ese cometido, porque su cuatrienio no ha sido ni será equitativo en nada ni con nadie. Al contrario, no ha habido un gobierno más desigual y estigmatizador que el suyo, y de ello han quedado evidencias que ojalá no se extravíen en las páginas de la historia, hoy manipuladas por uno de sus cipayos, el arrodillado y provocador director del Centro Nacional de Memoria Histórica.

De cuál equidad habla el jefe de un gobierno que ejerció la más alevosa exclusión contra escritores críticos de su gestión, precisamente en las puertas de una Feria del Libro de Madrid convocada en honor a Colombia. La estupidez que soltó el embajador en España, Luis Guillermo Plata, acerca de que el gobierno prefiere escritores “neutros”, de la que luego a regañadientes se arrepintió, no fue solo un desliz verbal, sino el reflejo del talante de Duque y sus esbirros. Lo que hizo Plata fue sencillamente reproducir lo que su jefe seguramente comenta en privado, cuando se descubre como perseguidor e intolerante.

Y no es fábula. Lo que protagonizó Duque durante el reportaje que concedió a Caracol TV, en el que varias personas fueron invitadas para que le formularan preguntas, retrató su mezquindad y ordinariez. Resultó que entre esos invitados estuvo el columnista Daniel Samper Ospina, frente al cual Duque se negó a recibirle una pregunta y a que inclusive lo grabaran. En otras palabras, vetó a un periodista que había sido convocado a ejercer su oficio. En su incurable soberbia Duque debió creer que le había dado un portazo a un articulista al que ha perseguido durante su gobierno, cuando en la realidad le estaba dando un bofetadón a toda la prensa. Eso no fue cosa distinta de censura y lo insólito es que, salvo contadas excepciones, la mayoría de los comunicadores han guardado silencio frente a ese atropello que por estos días es frecuente también en Managua, como si estuvieran conformes con que el mandatario decidiera, por sí y ante sí, quién merece hacerle preguntas y quién clasifica para recibir respuestas.

Duque y su gobierno solo toleran a los comunicadores “neutros”, esos que preguntan lo obvio o lo acordado, los que no incomodan, en fin, los que dejan gobernar en paz y no formulan interrogantes necios o comprometedores. Y Duque todavía supone que esa es otra forma, nada brusca, de equidad: a unos periodistas les es permitido todo, pero a otros no, justamente aquellos que no están “neutralizados”.

Lo de las 1.409 monedas recordatorias y alegóricas del gobierno de Duque es otra contribución a la inexistente dote de la equidad. El gobierno mandó elaborar unas monedas de 60 mm de diámetro y 5 mm de grosor en bronce, recubiertas en el bisel exterior con oro de 24 quilates y níquel en la parte interna, dizque para entregar a los visitantes ilustres que pasen por la Casa de Nari. Cada moneda tiene por una cara el escudo de Colombia y por la otra —¡sí, señor!— el nombre y la firma de Iván Duque, “PRESIDENTE 2018-2022”. No se había visto semejante desfachatez, boato ni arrogancia. De subpresidente a emperador.

En medio de ese festín de vanidades y abusos propios de un tirano, el fin de semana leí a un destacado y atemperado columnista de El Tiempo reclamando respeto dizque por la dignidad presidencial para acabar con la polarización. La dignidad de un mandatario no está consagrada en la Constitución, ni es un valor de la democracia, empieza por el respeto del mandatario por sí mismo y hacia sus conciudadanos, lo otro es lo más parecido a lambonería ramplona.

Adenda. No 1. Si ahora los patrulleros serán militares, alguien está sobrando en la Policía y me temo que es su perfumado director, el general Jorge Luis Vargas.

Adenda No 2. Por fin Sergio Fajardo entendió que sí lo están persiguiendo.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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