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Notas de buhardilla

Del odio al amor

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Ramiro Bejarano Guzmán
11 de enero de 2026 - 05:06 a. m.
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He tenido que rehacer esta columna varias veces para actualizar mi opinión ante las tensas y cambiantes relaciones de los presidentes Trump y Petro, pues de un día en el que parecía probable que el mandatario colombiano estaba a las puertas de una prisión americana pasamos a que ahora está en el umbral de la Casa Blanca. Sin duda, esta montaña rusa es una buena noticia, tal vez la única que en relaciones internacionales ha dado a conocer este Gobierno, por la buena gestión de nuestro embajador Daniel García-Peña.

Ya a Trump le parece un gran honor haber hablado con quien unas horas antes sindicaba de tener una fábrica de cocaína y ser un enfermo, mientras Petro ya no cree que su homólogo tenga mente senil. Ambos seguramente aprenderán de la prudencia diplomática, pero sobre todo de los desaciertos por gobernar a través de las redes sociales y escribir sin pensar.

Pero que hoy soplen vientos de apaciguamiento de un Petro que parecía estar más interesado en el caos y hasta en que no hubiera elecciones, no puede significar que se ignore lo sustantivo de esta crisis.

En efecto, lo primero es que si no hubo acuerdo total al menos tampoco hay discrepancias insolubles entre los presidentes sobre la caída de Maduro, independientemente de que cada quien, desde sus particulares intereses, haya opinado que la captura del dictador venezolano fue o no legal. A propósito, el expresidente Uribe, en la reciente entrevista de El Tiempo, además de defender subliminalmente su vieja tesis de la legítima defensa que invocó al invadir Ecuador para dar de baja a Raúl Reyes, sostuvo la inexactitud de que el asalto a Venezuela fue legal porque, según la senadora Paola Holguín, “el artículo segundo, numeral cuarto, de la Carta de las Naciones Unidas, por excepción, permite legalmente este tipo de acciones porque es frente a agresiones reales o inminentes”. Falso. Basta leer el citado artículo para verificar la equivocación gigantesca de Uribe, de Holguín, o de ambos.

Resultó exótica y atrevida la pretensión de los ministros del Interior y el encargado del de Justicia de exigirles a las altas cortes defender al presidente Petro de las acusaciones y amenazas en su contra. No les tocaba a los togados asumir esa tarea, no solo porque no son actores beligerantes de la polarización —así algunos quisieran serlo—, sino porque a ellos les corresponde resolver sus asuntos a la luz del derecho. Tremenda incoherencia sí, la de algunos ministros denominando, irresponsable y delictuosamente, “narcos” a los magistrados, pero reclamándoles por no defender a Petro.

Con la sola excepción de Sergio Fajardo, quien al convocar a la unidad nacional sensatamente expresó estar de acuerdo con el arresto de Maduro pero no con la solución violenta —como lo estamos muchos—, la casi totalidad de los precandidatos, más uno que otro lagarto con ansias de restablecer su marchitada figuración pública de antaño, inundaron las noticias con tediosas declaraciones sobre lugares comunes. En su afán de lisonjear a Trump, no advirtieron que hasta los congresistas americanos siguen discutiendo sobre si esta operación se ajustó a la ley.

Sale mal librada la nobel María Corina Machado, quien desde que fue ungida a tan universal dignidad ha demostrado que le faltan horas de vuelo y carácter, como lo creen en la Casa Blanca. Cuando aún no había recibido la presea se la ofreció al presidente Trump, y cuando la recibió soltó la inmensa bobería de que quería entregársela personalmente. Con razón el Comité Noruego notificó que el Nobel no se comparte ni se endosa.

Ahora que hay calma, Petro debe explicarnos cómo era su proyecto de retomar las armas y el cuento de unos militares traidores. De Petro insurgente ni sus compañeros del M-19 tienen buen recuerdo (ver páginas 256 a 260 del libro de Everth Bustamante), pero saben que combatiente que huya o se esconda alcanza para dos guerras. Militares desleales es problema que amenaza la democracia y no puede quedarse en rabieta, como tampoco guardarse los nombres de los colombianos disociadores en Washington. Es la hora de la justicia.

Ojalá que las nuevas declaraciones de Petro, como las que ha dado a El País de España, no arruinen este intento de luna de miel que debe empezar exigiéndole a la perversa Delcy Rodríguez que libere ya todos los presos políticos que se pudren en las mazmorras venezolanas y no a unos pocos.

Adenda. ¿Cuál es la necesidad de invitar a Bogotá a Delcy Rodríguez? ¿Acaso que la reciba la diáspora venezolana?

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