24 Oct 2021 - 5:30 a. m.

Duque inmaduro

Mientras miles de compatriotas padecen la prolongada ruptura de relaciones entre Venezuela y Colombia, a Duque se le ocurre que “no reconocerá una dictadura corrupta y narcotraficante”. Su ámbito apenas alcanza para abrazarse sonriente con el dinosaurio de Bolsonaro, su más cercana semejanza en la región. En ese complejo universo de creer que el mejor instrumento para arreglar los conflictos es no adoptar ninguna solución, no habrá salida buena ni pronta a este costoso litigio, pero eso no importa cuando los problemas ajenos se ven desde las cómodas poltronas de los despachos oficiales.

Es deplorable que el vacilante presidente del Senado, Juan Diego Gómez, hubiese puesto en marcha la propuesta de uno de sus colegas, aprobada por unanimidad, de dirigirle una carta a su homólogo de Venezuela sugiriéndole explorar caminos para restablecer relaciones diplomáticas y comerciales, y que luego se hubiese retractado apenas lo regañaron desde la Casa de Nari. Otra vez salió con un chorro de babas este mediocre presidente del Senado que no fue capaz de hacer respetar el fuero parlamentario.

Y es una torpeza mayúscula del Gobierno colombiano haber apagado rápidamente esa lucecita de esperanza que se había prendido, solo porque Duque cree que hablar entre los regímenes es respaldar a Maduro y no combatir la insurgencia protegida en Venezuela. Lo único que le sirve es prolongar la confrontación, porque está ardido y además porque mediáticamente espera sacarle réditos a esta nueva pataleta de oficiar como matón de dictadores en la antesala de la campaña electoral. Por eso ya arrancó a insultar tardíamente a Daniel Ortega.

No cesan los errores. Primero fue un concierto con el que Duque creyó que tumbaría a Maduro, quien, por el contrario, terminó atornillado y ahí sigue. Ese mismo día le tendieron tapete rojo en carretera destapada a esa caricatura de presidente de Guaidó, para que ingresara a territorio colombiano custodiado por una organización al margen de la ley.

Entre jefes de gobiernos obligados a tener relaciones lo último que se cultiva o interesa es si son capaces de ser amigos personales. Desde siempre, el trato de la diplomacia y de los asuntos de Estado es frío y calculado. Duque supone que las relaciones con otros países dependen de si a él le caen bien o mal los gobernantes de esas naciones. Por ese gigantesco yerro, este Gobierno patrocinó a los republicanos adoradores de Trump en la pasada campaña electoral estadounidense, en contra del candidato demócrata, y ello le está costando sangre al país. La anhelada foto y el abrazo con Biden nada que llegan, a pesar de las fantasiosas declaraciones de Duque y de la multimillonaria vicepresidenta-canciller Ramírez jurándole amor eterno a la democracia gringa, la misma que ofendieron cuando pusieron todos sus esfuerzos para derrotar al aspirante presidencial que, para desgracia de ellos, resultó vencedor.

Duque ni siquiera quiso oír la propuesta de conformar comisiones binacionales que acompañen la normalización diplomática y comercial, ni entender su alcance, pues salió con la bobería de desautorizar al Congreso, con el soberbio argumento de que el manejo de las relaciones internacionales es competencia solo suya, y, claro, el aturdido y timorato presidente del Senado se asustó.

Es incomprensible que Duque se haya rehusado a iniciar un proceso de normalización de relaciones con una Venezuela dividida, de lo que habría podido reportar provecho, inclusive para perseguir a la guerrilla que vive plácidamente allá. En efecto, los venezolanos atraviesan un período de notoria inestabilidad política, no solamente los que están en el poder sino la oposición, también fracturada. Allá están mordiéndose entre sí los partidos Voluntad Popular y Primero Justicia. Lo mismo Leopoldo López, Juan Guaidó, Julio Borges y otros opositores a Maduro, agarrados por el complejo caso de Monómeros, una sociedad colombiana propiedad de venezolanos y administrada por antichavistas. Lo que dicen las malas lenguas es que esta empresa manejada por amigos de Guaidó registra severos problemas de corrupción.

La enfermiza obsesión de Duque por tumbar a Maduro no lo ha dejado ver el inmenso daño que esta guerra interminable sigue causando. Es la herencia Duque.

Adenda. Según el registrador no son confiables las bases de datos del DANE. Ahora sí se comprenden muchas “buenas noticias”.

notasdebuhardilla@hotmail.com

Comparte: