21 Feb 2021 - 3:00 a. m.

El Externado ni se compra ni se vende

¿Qué será lo que atrae tanto a los medios de comunicación de la elección de rector en el Externado de Colombia? Cualquiera creería que, por el interés de tantos comunicadores —inclusive laureano-alvaristas—, el Externado es una universidad pública. Pues no, no es estatal; por el contrario, sus orígenes y razón de ser, hoy extraviados por los años poco transparentes y nefastos del período de la rectoría que por fortuna está por concluir, dan cuenta de que nació como respuesta al autoritarismo y represión de la Regeneración conservadora de Núñez y Caro. El Externado es una fundación que no se alimenta ni bebe en la inagotable fuente del erario, menos en las toldas oscurantistas de la ultraderecha; tampoco es propiedad de nadie, ni es un fideicomiso para beneficiar a una o varias familias.

Ese supuesto ahorro para las épocas de vacas flacas del que hablaba el rector Fernando Hinestrosa, representado en la propiedad accionaria de una cuarta parte del Grupo Bolívar, considerada por algunos un tesoro, paradójicamente hoy está exponiendo peligrosamente la universidad a la voracidad de grupos económicos. En efecto, algunos empresarios han movido una sofisticada campaña mediática que tiene propósitos oscuros y ajenos a la academia. Para eso han acudido a toda clase de mentiras: que la universidad, que cumplió 135 años de vida, fue fundada por el doctor Fernando Hinestrosa y que él en su lecho postrero designó a su sucesor; que nadie se atrevía a llevarle la contraria; que el preferido de su familia para ser rector ya está elegido y que si este no gana habrá una purga administrativa y profesoral; que en este período rectoral se incrementaron los activos, y otras sandeces que solo buscan desinformar y asustar a estudiantes, funcionarios y profesores. Eso contrasta con el silencio informativo respecto a la reelección de la doctora Dolly Montoya, rectora de la Universidad Nacional.

Los externadistas estamos ad portas de acudir a una consulta para expresar nuestras preferencias frente a los cuatro candidatos a rector que se han presentado. La actual administración prohíja con todos sus recursos y tácticas a Edgardo Maya y no le disgusta el exmagistrado Rafael Lafont, al mismo tiempo que ha promovido una campaña odiosa y falaz, adentro y afuera, contra los distinguidos profesores Juan Pablo Estrada y Hernando Parra, dos opciones atractivas, renovadoras, firmes pero conciliadoras, por las que votaré la próxima semana.

Lo que está en juego es el futuro de la universidad. La nueva administración tiene la responsabilidad de conducirla a la modernidad y sostener la excelencia académica, acreditarla nacional e internacionalmente y solucionar su situación deficitaria. Igualmente, sancionar con severidad el creciente acoso sexual en la universidad, volcar sus inversiones a la investigación académica, ayudar a los estudiantes y ofrecerles becas en pregrado y en el exterior a quienes lo merezcan, en vez de premiar a los amigos o a esos pajecitos que, a pesar de haber perdido años, saben buscar refugio con el arma zalamera de la adulación y el servilismo. Queremos que se rindan cuentas y haya una auditoría franca que deje ver desde cómo la humilde universidad de la casona del barrio Santa Fe se volvió poderosa accionista del encopetado Grupo Bolívar, hasta cómo se monetizaron jugosas inversiones en el exterior para convertirlas en suntuosos edificios que se reclaman como recientes logros administrativos. Parodiando a un exalcalde, los dineros del Externado también son sagrados y para que eso sea realidad no puede haber contabilidad secreta ni documentos ocultos.

La universidad tiene el reto de subsistir sin ataduras al culto de la personalidad de nadie ni a los intereses de ninguna familia. Y tiene derecho a elegir rector en paz, no en un pulso camuflado de varios poderes económicos que acarician la idea de que tomándose el Externado tendrán el control de una parte importante del Grupo Bolívar.

Las gratitudes con los fundadores y hacedores de la institución deben permanecer intactas para que sirvan de ejemplo a las generaciones venideras. Lo que sigue ahora es solamente nuestro. A votar: el futuro está a la vista. No lo desperdiciemos.

Adenda. Según la JEP, 6.402 falsos positivos. Cifra tres veces superior a los 2.248 de la Fiscalía. Uribe sale furioso a defenderse acusando a la JEP de querer desacreditarlo. ¿Y es que con 2.248 asesinatos no hubo descrédito?

notasdebuhardilla@hotmail.com

Comparte: