25 Jul 2021 - 5:30 a. m.

El nuevo viejo liberalismo

Sin que se haya proferido fallo por la Corte Constitucional, hay quienes aseguran que la ponencia presentada resucitaría la personería del Nuevo Liberalismo (NL), así como el Consejo de Estado (CE) restableció la de la Unión Patriótica (UP). Los casos no son iguales.

La UP perdió su personería porque el Consejo Nacional Electoral (CNE) decretó su fin cuando no alcanzó el umbral de sufragios requeridos, luego del exterminio del que fueron víctimas sus militantes. El NL dejó de existir cuando Luis Carlos Galán voluntariamente adhirió al liberalismo y renunció a su personería.

Hay al menos tres diferencias entre las situaciones de ambas colectividades. En primer lugar, nadie de la UP fue presidente; en el NL, si bien asesinaron a su cúpula —empezando por el valeroso y recordado Rodrigo Lara Bonilla—, otro de los suyos, César Gaviria, sí fue mandatario. En segundo término, a la UP el CE le restituyó su personería como medida de reparación por el genocidio político del que fueron víctimas sus miembros; en el caso del NL, sería la Corte Constitucional la encargada de restablecerle sus derechos. En tercer lugar, no fueron los herederos de los jefes de la UP quienes pidieron restablecer su personería, mientras que el extenso trámite judicial del NL que está por concluir lo promovieron los más cercanos familiares de Galán.

Hay más. Galán no fue presidente porque lamentablemente lo asesinaron, pero su grupo sí estuvo en el poder cuatro años. Por César Gaviria votamos los liberales porque la familia Galán lo hizo candidato del partido y también porque su contradictor fue Álvaro Gómez, quien cada vez que se candidatizó unió al liberalismo en su contra.

Gaviria gobernó a nombre del Partido Liberal, pero con figuras históricas del NL. No hizo nada distinto de lo que habría podido hacer Galán en el poder. Claro, incurrió en desaciertos que curiosamente hoy se han repetido, como volver ministro al siniestro mercader del periodismo Mauricio Vargas Linares, conciencia alquilada a todos los gobiernos y poderosos, célebre por reportar de su oficio jugosos dividendos.

Admitamos, en gracia de discusión, que a Galán le pusieron conejo cuando renunció sin condiciones al movimiento que no era suyo ni de su familia, sino de un grupo del que hacían parte figuras cimeras (Jaime Vidal Perdomo), políticos destetándose (Germán Vargas Lleras), políticos brillantes (Iván Marulanda), jóvenes promisorios (Juan Lozano), etc. Aun así, no es coherente con el credo del NL que la continuidad del pensamiento de Galán 32 años después de su sacrificio tenga que someterse a que sus herederos —exclusivamente ellos— sean los directos beneficiarios del rescate de la personería del partido que fundó su padre pero al que también renunció.

Si Galán viviese y se alzara contra la podredumbre de los políticos, seguramente volvería a agitar sus ideas y proclamas, como lo hizo con la disidencia que derrotó la reelección de López Michelsen. No se me ocurre ver a Galán reclamando revivir jurídicamente el NL del que voluntariamente se apartó, menos invocando haber sido timado. A lo mejor hoy estaría otra vez por fuera del liberalismo, promoviendo una nueva colectividad o viendo a sus correligionarios en la farsa de lanzarse por firmas. O, en vez de Gaviria, sería director del liberalismo, pero no del NL.

Los deudos de Galán saben que recuperar la personería del NL —en el que por su tierna edad nunca militaron— tiene un tufillo nepotista. El primogénito, Juan Manuel Galán, ha declarado que “el Nuevo Liberalismo no es un partido de familia, de los Galán, ni de delfines. Este es un partido democrático que tiene instancias que, cuando resurjan, serán convocadas para tomar decisiones tan trascendentales como la confirmación de las listas”.

Tendrá que demostrarlo, porque esta versión del NL pretende recoger sus banderas para hacer lo contrario de lo que representan, pues todo sugiere que haría lo mismo que hoy soporta el nefasto poder de Gaviria como señor y dueño absoluto del liberalismo: repartir avales, que no es otra cosa que confirmar listas.

Adenda. Algo tan grave como un atentado a Duque exige investigarse con profesionalismo y cabeza fría. Gobierno, Fiscalía y el paquetazo director de la Policía, Jorge Luis Vargas, están jugando con candela.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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