22 Aug 2021 - 5:30 a. m.

Entre sabuesos y delfines

Contrario a lo que muchos piensan, creo que a Uribe le salió el tiro por la culata con su entrevista con la Comisión de la Verdad en una de sus haciendas, en Rionegro (Antioquia), donde junto con sus perros ladradores e hijos recibió al padre De Roux y a sus acompañantes en un ambiente hostil y de ostensible mala educación. Más amables los sabuesos que los delfines.

Fue evidente la estrategia del exsenador de insultar a De Roux en la antesala a que llegara a su casa, desconociendo la legitimidad de la Comisión. Más que una grosería, de las muchas que es capaz este exmandatario nada cordial, fue una provocación para que el sacerdote se ofendiera y abortara el encuentro. Uribe creyó que De Roux es tan primario como él y que reaccionaría dando un portazo al primer fuetazo. Por fortuna, a pesar de su cara de bonachón e ingenuo, De Roux le resultó general porque no cedió a la tentación de enfurecerse, que era lo que pretendía la familia Uribe. Si De Roux hubiese desistido de la reunión, el exsenador habría reclamado que no le habían permitido encontrarse con la Comisión y, obviamente, en su estilo difamatorio habría censurado que no lo dejaran contar su “verdad”, la que en todo caso tampoco reveló, ni lo hará nunca.

Si uno de los hijos de Uribe —quienes no estaban invitados— irrumpió con su lenguaje repelente y mal hablado insultando a los visitantes y constriñendo físicamente con patanería a la comisionada Lucía González, a sabiendas de que el episodio estaba siendo transmitido y divulgado, fácil resulta imaginar el tono y la ordinariez cuando están en la intimidad y seguros de que nadie los ve.

Tampoco le resultó el globito tramposo que el potentado finquero lanzó de una amnistía general que empezaría por resolverles a él y a su hermano los densos problemas judiciales que los acosan. Ya no es tiempo de las leyes de punto final. Allí Uribe también tacó burro.

Pero después de ver en televisión cómo atienden los Uribe a sus convidados, quedó claro en la retina de los colombianos que mientras esta poderosa familia siga teniendo protagonismo político, aquí jamás habrá posibilidad de reconciliación y ni siquiera de diálogo. El Centro Democrático está es preparándose para promover una campaña electoral sin argumentos, fundada en el odio, la estigmatización, la calumnia y la persecución, para lo cual cuentan con el inmejorable auxilio de la Fiscalía de Barbosa y el apoyo irrestricto de Duque, el cenutrio.

Hasta el próximo 7 de agosto asistiremos diariamente a intervenciones destempladas tanto de Duque como de Uribe, ambos se reencontrarán en el sendero del resentimiento que nos quieren poner a transitar para asegurarse de que los colombianos salgan a votar asustados e incurran otra vez en el desacierto de elegir otro títere con el que sigan mandando en cuerpo ajeno. Allá hacen cola, no propiamente con paciencia, desde Óscar Iván en adelante con la esperanza de que el presidente eterno les haga el guiño. Ese es el verdadero programa que el uribismo le presentará al país. Tendremos que estar preparados para vivir la peor campaña de toda la historia.

Si estos tres años nos ha tocado vivir en el reino de la mediocridad, la mentira y la corruptela que encarnan Duque y su gavilla de indeseables y matones, eso fue culpa suya y de Uribe, pero si dejamos que nos repitan la dosis para imponernos otra caricatura de presidente que cumpla las órdenes desde El Ubérrimo, la culpa será nuestra y tendremos merecido lo que nos pase, que en ningún caso será bueno ni esperanzador.

La única opción de supervivencia decente es derrotar en las urnas a las fuerzas avasalladoras del Centro Democrático. No parece que eso lo estén entendiendo las organizaciones políticas que tienen la responsabilidad de no dejarse arrebatar otra vez el poder para que lo ejerzan la intolerancia y la inquina. Todos los días nos resulta un nuevo precandidato, mientras el Gobierno y su partido organizan el festín para continuar haciendo de las suyas otro período.

Adenda. Fue un acierto reimprimir el libro Entre la libertad y el miedo, de Germán Arciniegas, sobre las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado, escrito hace más de medio siglo cuando era prohibido criticar las dictaduras civiles de Ospina Pérez y Laureano Gómez. Imperdible el capítulo “Cómo se destruye una democracia: Colombia”, sobre esos años de terror.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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