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¡Habemus papam!

Ramiro Bejarano Guzmán

19 de abril de 2026 - 12:06 a. m.

No tengo que recordar a mis lectores que no ejerzo militancia en credos religiosos, pero justo es reconocer que el papa León XIV entendió que no puede incurrir en el pecado de enmudecerse frente a una guerra, como lo hizo Pío XII con Hitler, a quien conoció siendo nuncio apostólico en Berlín. La sombra nazi sigue acosando al papa de Hitler, como algunos lo llaman, aun 70 años después de terminado su pontificado, cuando el mundo presenció indignado los silencios del Vaticano ante la dictadura criminal del führer y el holocausto judío.

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León XIV hará historia por lo que fue antes de instalarse en el Vaticano y por su actitud enhiesta al grito genocida y estremecedor de acabar la civilización iraní. Este pontífice se desempeñó como un auténtico pastor, promoviendo su fe con humildad y sacrificios, como obispo discreto en una provincia apartada del Perú desde la cual se hizo respetable. No es un burócrata escudado en incienso que se mueva orondo en el opulento y en ocasiones corrupto universo del Vaticano.

A diferencia de lo que ocurría con el papa Francisco, quien nunca pudo explicar la versión de ser complaciente con la dictadura argentina, León XIV no está comprometido en sucesos semejantes ni respecto de él se han deslizado versiones de favorecer con su indiferencia ninguna satrapía.

El prestigio del que hoy goza León no es improvisado. Por eso tiene sabor a dislate la factura de Trump contra León, recordándole que “debería estarme agradecido porque su nombramiento fue una increíble sorpresa. No figuraba en ninguna lista de papables y fue elegido únicamente por ser estadounidense, porque se creía que era la mejor manera de gestionar la relación con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”. E impresentable la amenaza de provocar un cisma como el de Aviñón, para que haya dos pontífices: uno como vicario de Cristo y otro agente de los republicanos. Semejante audacia ni siquiera se le ocurrió a Napoleón que tuvo preso por cinco años a Pio VII, porque entonces el emperador quería controlar la Iglesia en sus territorios, pero el papa defendía su independencia. Tampoco Hitler pensó en el ultimátum de propiciar otro cisma.

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El Cisma de Occidente, como también es recordado, comenzó en 1378 cuando, muerto Gregorio XI, se eligió a Urbano VI bajo presión del pueblo romano que quería un papa italiano, mientras los franceses eligieron a Clemente VII, quien se instaló en Aviñón. Este enfrentamiento terminó en 1417, pero hubo dos papas, uno en Roma y otro en Aviñón, e inclusive hubo hasta un tercer pontífice, Alejandro V, lo que dividió la cristiandad. Todo ocurrió cuando por aquí todavía ni siquiera había llegado Colón. Esa grave crisis, igual a la que le están recetando ahora desde la Casa Blanca al papa que decidió no quedarse callado, se resolvió en el Concilio de Constanza en 1417, cuando fueron depuestos los dos papas y fue nombrado Martín V como único pontífice.

No tengo dudas de que surgirán discrepancias con el papa, porque no habrá uno solo con el que se esté de acuerdo en todo, pues siempre habrá discusión respecto al aborto, al matrimonio igualitario, o sobre si las mujeres pueden o no ejercer el sacerdocio, o sobre si los curas deben permanecer célibes o permitírseles tener pareja, puntos sobre los cuales es imposible que no aparezcan irreconciliables fisuras.

El papa ha dicho Urbi et Orbi: “No tengo miedo de la Administración Trump, ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio. Yo sigo hablando claro contra la guerra, tratando de promover la paz, el diálogo y el multilateralismo con los Estados para encontrar soluciones a los problemas. Demasiadas personas inocentes sufren hoy o han sido asesinadas, y creo que alguien debe alzar la voz”.

Ojalá entiendan Trump y los suyos que “cuando Roma locuta causa finita”, pero después de oír al vicepresidente Vance, advirtiendo que es “muy importante que el papa sea cuidadoso cuando habla de asuntos de teología”, todo indica que esto apenas está comenzando.

Adenda. Sería útil y transparente que el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, divulgara cuánto dinero ha invertido en pauta publicitaria durante su promocionado período y más recientemente.

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