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Hecatombe liberal

Ramiro Bejarano Guzmán

01 de marzo de 2026 - 12:06 a. m.

Está averiguado que ya no hay partidos políticos: lo poco que queda de ellos son organizaciones que no promueven ideas sino apenas avales. El mal ha hecho metástasis tanto en el Partido Conservador como en el Liberal y en las demás colectividades. Todas tienen su oportunista de cabecera. Por eso hay unos lagartos, otrora dizque liberales, acomodándose donde Abelardo y otros pidiéndole pista a Paloma, al igual que unas divas veteranas buscadoras de fortuna y ansiosas de figuración, que andan al acecho de ser fórmulas vicepresidenciales.

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El glorioso liberalismo en el que militamos hasta que el doctor César Gaviria, con su consejero de cabecera Héctor Riveros, decidió que solo eran liberales quienes ellos hubieren carnetizado, hoy no es ni siquiera una colcha de retazos. Nos sacaron a sombrerazos y quedamos por fuera de la militancia millones de liberales convencidos de esa doctrina, solo porque no fuimos a arrodillarnos a la sede de la Caracas con 38 a humillarnos para que nos extendieran la cédula liberal.

Eso fue apenas el principio; más tarde los liberales hemos sido testigos impotentes de cómo un solo hombre en condición de emperador del partido del libre examen decide a su antojo quién puede aspirar al Congreso arropado con las banderas de Uribe Uribe, Gaitán y toda la nómina de ilustres caudillos rojos. Pero ese mismo hombre no solo con su poderoso dedo toma todas las decisiones, sino que entre los elegidos está su prole y algo más.

Ninguna necesidad tenía el expresidente Gaviria de incluir a su hija en la lista del liberalismo al Senado, y menos convertir el espacio en televisión reservado para el partido en una tribuna para favorecer la aspiración de uno solo de los candidatos, precisamente la heredera del poderoso jerarca que aniquiló el partido. Claro, luego de haber tenido a su cónyuge por muchos años temperando como embajadora en el Cairo, porque en el liberalismo no hubo nadie más capaz de asumir tal encargo.

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Nada quedará del liberalismo, ni siquiera si el 8 de marzo resulta electa la descendiente del soberano absoluto del partido. En efecto, si la agraciada aunque errática candidata al Senado fuese elegida, peor para ella porque tendrá una legislatura amargada para la que no basta ser experta en cultura, como pretende; pero igual si no la eligen, como a muchos liberales sin carné no nos sorprendería, porque entonces su infalible progenitor habrá sufrido la más dura y merecida muenda que electorado alguno haya propinado a alguien.

¿En dónde están los liberales? Parece que hubieran sido amansados porque salvo el representante Juan Carlos Losada, ese sí digno y contestatario, al parecer los demás, con tal de que los incluyan en las listas a Senado y Cámara nadie más está dispuesto a atreverse a disentir de lo que ha hecho y continúa haciendo de su partido el César.

¿Hasta cuándo deberá el liberalismo padecer esta hegemonía pereirana? La misma que sin ruborizarse respaldó a Uribe Vélez, Duque y otras yerbas del pantano. Por lo visto, Gaviria terminará su larga vida detentando esta dignidad, porque todavía falta hacer senador a Simoncito y uno que otro protegido.

Viendo lo que ha pasado, bien podría concluirse que los liberales que hoy siguen humillados en el partido mandando a renovar sus carnets tienen merecido el mal trato que están recibiendo, porque su silencio y complacencia con el usurpador del partido han hecho posible que por primera vez en la historia alguien haya sido su monarca por tanto tiempo. Ni Núñez, ni Laureano, ni Ospina Pérez, ni Gaitán ni ningún hombre público en Colombia ha liderado por tantos años un partido.

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Se equivocaron los jefes liberales que en 2017 consintieron en entregarle el partido a Gaviria, creyendo que lo renovaría y lo prepararía para regresar al poder. Nada de eso ha ocurrido, ni podrá suceder en los próximos años; por el contrario, aquí lo que ha pasado es una hecatombe liberal.

Adenda No 1. Entre los aspirantes a Senado tengo para votar, por orden alfabético, a Lucho Garzón, Jennifer Pedraza y Jorge Enrique Robledo. Para la cámara por Bogotá, mi única opción es Juan Carlos Losada. Reitero, no es un consejo sino una simple opinión.

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Adenda No 2. Y que quede claro: mi voto en primera vuelta será por Sergio Fajardo.

Adenda No 3. A guardar las encuestas para que en unos días pueda confirmarse quiénes están mintiendo.

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