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Juego siniestro

Ramiro Bejarano Guzmán

08 de marzo de 2026 - 12:06 a. m.

Petro, en la antesala de las elecciones de hoy, no parece presidente sino jefe de la oposición. Todo le disgusta o le huele a fraude y da muestras de que estaría de plácemes este domingo si a las 8 de la noche la Registraduría no ha entregado resultados.

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Petro desconfía del reconteo de votos, procedimiento inventado en el mundo entero que ofrece garantías a los aspirantes sin mirar sus ideologías. El andamiaje totalitario de Maduro empezó a derrumbarse precisamente por el reconteo. Y peor su peligrosa e irresponsable invitación a los testigos electorales, obviamente los de su grupo político, para que rechacen los reconteos en cada una de las mesas de votación, lo que de cumplirse desataría una crisis sin precedentes que pondría en riesgo la estabilidad democrática, por decir lo menos.

Ahora a Petro le dio por convertirse en defensor de las sentencias judiciales proferidas por el Consejo de Estado y clama para que se cumpla un fallo que, según su exegética interpretación, obliga a que los archivos y la información del proceso electoral deben estar bajo control exclusivo de instituciones del Estado, porque permitir que empresas privadas manejen parcialmente esa información pone en riesgo la transparencia. No, señor presidente, eso no es lo que dice ni manda el fallo, ni menos que haya prohibido que la Registraduría contrate particulares para que le ayuden administrar registros electorales. Si tuviera un ministro con carácter y sólido en derecho, seguramente le aclararía su torcida hermenéutica sobre esa sentencia del Consejo de Estado. Se le olvida al belicoso mandatario que el hecho de que algunos datos sean manejados por entes privados no implica que el Estado haya perdido el control de los mismos.

Lo que disimula el mandatario en su permanente retahíla contra la Registraduría es que esa empresa particular a la que se refiere es la misma que ha perseguido en el tema de los pasaportes con toda clase de argucias y de trampas contractuales, que tarde o temprano le costarán millones al erario que tendremos que pagar todos los colombianos.

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Es risible que Petro critique que no se haya cumplido lo que no dice el fallo del Consejo de Estado que malinterpreta, cuando él no ha hecho otra cosa que desobedecer las claras órdenes de todas las Cortes, aunque presume haberlas acatado pero cumpliéndolas a medias con artificios o coartadas.

Lo raro de todo esto es que pocos gobiernos han tenido un ambiente favorable para enfrentar estas elecciones, como lo tiene ahora Petro a pesar de él. Las encuestas —así no todas sean creíbles ni serias— dan cuenta de los índices altos de aceptación que suscita el gobierno en medio de sus desastres; la candidata del uribismo Paloma Valencia seguramente ganará pero lánguidamente, pues todo indica que el marchitamiento de Uribe es visible y próximo, así lo convierta ilegalmente en su fórmula vicepresidencial; el cachorro De la Espriella se estancó porque creyó que estaba haciendo campaña para que lo eligieran presidente de algún carnaval y fatigó muy rápidamente al electorado, tanto con sus bravuconadas contra la prensa y los periodistas que no le caminan, como con sus excesos y reiteradas payasadas; y su candidato Iván Cepeda puntea en todas las encuestas y cumple a cabalidad el libreto oficial que lee con cuidado en las plazas públicas para no molestar a Petro. ¿Por qué, entonces, si estas señales le favorecen, Petro se empeña en cuestionar la Registraduría, que él y solo él censura?

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Difícil entender ese discurso antielecciones que no prohíjan los entes de control, ni la iglesia católica, ni los medios, ni los empresarios, ni nadie sensato. Algo sórdido debe de rondar por la Casa de Nariño para que Petro quiera que hoy todo salga mal ¿Acaso crear una conflagración que le permita quedarse en el poder?

Adenda No 1. En vez de andar intentando oficiar como “Petro, El Escamoso” en una costosa película de medio pelo, el presidente debería ocuparse de saber por qué Colombia —con México, Nicaragua y Brasil— fue excluida de la cumbre antidrogas de la Florida, en la que Estados Unidos anunció un probable combate armado contra los carteles de la droga en Suramérica.

Adenda No 2. Los “ingenuos” candidatos de la Gran Consulta por Colombia ya saben que fueron engañados porque todos, sin excepción, al final tendrán que plegarse a Uribe.

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