Publicidad
29 May 2022 - 5:30 a. m.

La parábola del necio

El ocaso de los gobernantes siempre es sombrío, sobre todo para aquellos que ejercen el poder con despotismo y arrogancia. Cuando se va acercando la hora final y están cada vez más solos, a estos personajes, que en algún momento se sintieron predestinados e infalibles, los atrapa la melancolía y entonces quedan presos de sus propios fantasmas y de la mediocridad con la que han vivido a pesar de escalar tan alto. Ese es el caso de Iván Duque, cuatro años perdidos como subpresidente, sin grandeza ni siquiera para despedirse porque estos días se está haciendo notorio por las boberías que se le ocurren, en público y en privado.

Resultó ridícula la respuesta de Duque al reportero de la BBC de Londres según la cual, si hubiese podido lanzarse para un nuevo período, los colombianos no habríamos tenido opción diferente a reelegirlo porque su gobierno tiene muchas cosas para mostrar. ¡De la que nos salvamos! Lo traicionó la soberbia, porque gracias a ella Duque terminó acorralado y sin palabras cuando el inteligente reportero inglés le demostró los imborrables yerros de su desastrosa administración, sus desaciertos en el tema de la paz, los crímenes contra líderes sociales, etc. En efecto, no ha hecho nada por lo que sus compatriotas hubiesen querido que continuara, y así quedará evidenciado este domingo cuando Fico, candidato del Gobierno, se estrelle contra el merecido desprecio de los votantes en las urnas.

Pero no contento con esto, Duque, al rechazar la versión de Petro sobre el posible aplazamiento de las elecciones, sostuvo sin sonrojarse: “Yo soy un demócrata”. Quién sabe qué alcance tendrá en tan diminuto universo ser demócrata. La ciencia política tiene ahora una veta gigantesca para investigar y definir si por tal puede considerarse a quien decidió gobernar cooptando la Contraloría General de la República, la Procuraduría General de la Nación, la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, la Registraduría Nacional del Estado Civil, el Consejo Nacional Electoral, la Junta del Banco de la República, las superintendencias Financiera, de Industria y Comercio, de Salud, de Transporte, de Vigilancia y Seguridad Privada, para pasar por alto la creciente influencia en la ampulosa Comisión de Impunidad (Disciplina) Judicial y en uno que otro nombramiento en una alta Corte, donde hay varios alfiles del partido de gobierno.

Valiente ejercicio de la democracia siendo dueño de todo un Estado, en el que el mandatario desafió la independencia de la Corte Suprema, como cuando sostuvo que creía en la inocencia de su patrón apenas conoció la medida de aseguramiento en su contra. O cuando criticó a la Corte Constitucional por despenalizar el aborto; o cuando objetó seis artículos de la Ley Estatutaria de la JEP para calmar a los terratenientes afectos a su causa. O cuando llenó de contratos multimillonarios a su alma mater, la caja menor del uribismo, donde Duque se hizo abogado al igual que su séquito de cipayos. O cuando sacó al Esmad y al ejército a las calles para que reprimieran a sangre y fuego la protesta social de civiles inermes.

Pero si en lo público le ha ido mal a Duque, en su círculo cercano también andan desconcertados con los pequeños reclamos y las guerras inútiles agenciadas desde la Casa de Nari. En efecto, hay un embajador ultracatólico y de derecha que en privado asegura haber recibido una llamada de Duque reclamándole porque una de sus hijas se expresó mal de él y su gobierno en una reunión social; y por ahí también anda temblando un asesor de campaña que fue advertido de que si incluía en la agenda de Fico críticas contra el Gobierno, se expondrían a perder los “cuatro millones de votos del duquismo”. Enhorabuena, nace de las entrañas del poder una colectividad a la que el mandatario le endosa su apellido para que conquiste las masas.

Y después de todo este rosario, es increíble que haya quienes quieran elegir este domingo a Fico, el heredero y continuador del desastre.

Adenda No 1. Insólito y casi que criminal el veto a las hijas del alcalde de Medellín por parte de padres enceguecidos por el odio político.

Adenda No 2. Presidentes de poderosos grupos económicos dispensadores de apetecidos premios al periodismo o empresarios que hacen campaña subliminalmente por Fico por supuesto que pretenden influir indebidamente en el voto de sus empleados.

notasdebuhardilla@hotmail.com

Síguenos en Google Noticias