![“Tuve la sensación de que [la Selección] había tomado partido por el candidato presidencial de la extrema derecha”: Ramiro Bejarano Guzmán](https://www.elespectador.com/resizer/v2/GEZRDH3ONJCTXHTXO62XQ6BQVQ.jpg?auth=fb95fd53e27483cfe99bc8851c625f8ed9dc4bbcb9a409993a72086d7d3415c1&width=920&height=613&smart=true&quality=60)
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No pretendo opinar sobre lo que futbolísticamente aconteció a nuestra selección Colombia en la que, de nuevo, ninguna de nuestras estrellas brilló. Se gastaron millones de pesos alimentando la ilusión de que esta vez clasificaríamos, pero al final repetimos el mismo fiasco de siempre.
Reconozco carecer de competencia para hacer un comentario medianamente atinado sobre el acontecer estrictamente futbolístico, porque para eso hay voces muy autorizadas, por lo general encendidas, de varios comentaristas, algunos de los cuales suelo oír –como Liliana Salazar, Melissa Martínez y hasta Carlos Antonio Vélez– porque me divierten sus cábalas, vaticinios, exageraciones, críticas y aplausos que dispensan en sus muy escuchadas intervenciones.
Lo único que tengo para decir de esta triste selección es que, como muchos, tuve la sensación de que el equipo había tomado partido por el candidato presidencial de la extrema derecha, pues no otra cosa sugiere la fotografía de los jugadores haciendo el saludo militar. Claro, tienen derecho de votar por quien les parezca, pero no a hacer política usando sus cómodas investiduras de consentidos de multitudes; su papel no es contribuir a la polarización sino a la unión.
Pero, como simple lector de periódicos y seguidor del mundial y de los fracasos de mi amado Deportivo Cali, me atrevo a poner en circulación lo que las gentes están comentando.
Los periodistas deportivos han sido gallardos y amables con los deportistas y el técnico argentino Néstor Lorenzo al declarar que fue magistral lo que logramos. En efecto, repiten que no perdimos, que solo recibimos un gol, pero muchos de esos comunicadores parecería que se hubieran puesto de acuerdo para felicitar a jugadores y directivos y doblar la página, como si nada grave hubiere pasado. Para eso ya hicieron suya la frase que ellos creen lo exculpa todo: “así es el futbol”.
Y resulta que queremos saber por qué en todos los países que han sido eliminados de esa competencia ruedan cabezas de técnicos y dirigentes deportivos, menos aquí. Nuestros monarcas del fútbol nunca responden ni ponen la cara; en eso se parecen a los encuestadores, que tampoco les pasa nada cuando no aciertan, que es siempre.
No falta quien sostenga que como la FIFA es el Estado más poderoso del planeta que no está sometido a ninguna autoridad y, por el contrario, manda sobre todos los gobiernos, menos en la Casa Blanca, entonces eso les concede inmunidad perpetua a nuestros cuestionados dirigentes para no dar tampoco explicaciones aquí.
Ramón Jesurún, jerarca de nuestro fútbol, porque así lo ha decidido esa poderosa rosca de los clubes nacionales, esta es la hora en que no ha aparecido ni para pedir excusas a los aficionados. Jesurún se dio el lujo de protagonizar una trifulca con unos vigilantes en el Hard Rock Stadium de Miami en la final de la Copa América entre Argentina y Colombia, por cuenta de la cual fue detenido, deshonró su cargo, pero su poder siempre consiste en que nada le pase. Estos días lo hemos visto rehabilitado compartiendo palco de honor con Infantino, el dueño del mundo, de quien se rumora que pronto se le viene encima el Fifagate 2, por obra de sus gracias nada santas.
Hay más casos que van quedando en el olvido, porque no hace mucho supimos del encarcelamiento en Estados Unidos de Luis Bedoya Giraldo, anterior presidente de la Federación Colombiana, involucrado en el Fifagate, de quien finalmente ignoramos si purga o no prisión, ni entendimos por qué ese escándalo apenas lo tocó a él y no a todo ese séquito codicioso de la dirigencia futbolística local.
El fútbol no es un asunto particular sino de interés público; es una pasión que no tiene dueño, ni siquiera quienes lo convirtieron en un negociazo(do). A esa dirigencia le da igual ganar o perder, porque nadie es capaz de removerlos de sus pedestales ni privarlos de los privilegios que extienden a magistrados, ex magistrados de altas cortes, altos funcionarios y personajes del jet set que, convertidos en jueces del fútbol, prestan sus prestigios para lavar el descrédito de esos prohombres. Hay que estar en esa nómina para viajar en clase ejecutiva, hoteles seis estrellas y disfrutar de ruidosos festines en los más exóticos lugares.
Tenemos derecho a exigir que sean sustituidos los dirigentes del fútbol luego de estos resultados desastrosos. Es lo mínimo.
Adenda. Bien que el Consejo de Estado haya suspendido el decreto populista que suprime las primas especiales a congresistas.
