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Falcao ingresa oficialmente al Rayo Vallecano
A esta hora Radamel Falcao García se incorpora oficialmente al Rayo Vallecano de Madrid en medio de una gran expectativa por los aficionados. El colombiano vestirá el dorsal número tres, y se espera que “El Tigre” debute este fin de semana en el clásico madrileño contra Getafe en una nueva jornada del campeonato español.
A esta hora Radamel Falcao García se incorpora oficialmente al Rayo Vallecano de Madrid en medio de una gran expectativa por los aficionados. El colombiano vestirá el dorsal número tres, y se espera que “El Tigre” debute este fin de semana en el clásico madrileño contra Getafe en una nueva jornada del campeonato español.
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11 Jul 2021 - 5:30 a. m.

Mancha indeleble

Ningún informe de la CIDH le iba a gustar a Duque. Lo primero que se le ocurrió a este Gobierno indolente fue negarse a recibir la visita de la CIDH porque previamente tenían que fallarse las investigaciones por excesos policiales. Cuando se dieron cuenta de la estupidez de ese primer paso, invitaron a las volandas a la Comisión para que viniera a Colombia y le organizaron una visita que el Gobierno quiso manipular de manera que los comisionados vieran poquito o solo lo que los funcionarios querían, pero no contaban con que los invitados constatarían directamente lo que está pasando y hablarían con otras personas. Qué tal que hubiesen tenido que esperar a que terminaran las investigaciones, si hoy, conocido el informe de la CIDH, no hay nadie sancionado por los muertos, heridos y desaparecidos.

Al Gobierno no solo le disgustó el informe de la CIDH, sino que lo descalificó con mentiras, contando con el apoyo de expertos en derechos humanos como los demócratas de Fenalco y del Consejo Gremial. Duque olímpicamente sostiene que nadie puede recomendar a un país que soporte actos criminales, cuando la CIDH jamás ha sugerido semejante dislate. Lo que consideró la CIDH es que de la esencia de la protesta pacífica son los bloqueos ocasionales, que deben ser tolerados por las autoridades. Tiene razón. Las protestas no se hacen arengando desde las salas o los baños de las casas. En las capitales más importantes del planeta diariamente hay protestas, marchas y bloqueos transitorios, y a ningún gobernante le ha pasado por la cabeza calificar esas expresiones como “terrorismo de baja intensidad”. Esto tiene que soportarse, porque, de no ser así, Duque tendrá que admitir que él mismo es terrorista, como sus ministros y hasta expresidentes que deambulan en las ciudades con batallones de escoltas que cierran vías y paralizan el tráfico. Ellos dirán que eso es “terrorismo de bajísima intensidad”.

Torpes las declaraciones de varios funcionarios, unos cuestionando el informe con el argumento de que Colombia puede no acatarlo y que no pueden demandar al país, y otros propagando la bobería de que lo que diga la CIDH no es jurídicamente vinculante. Me niego a creer que lo mismo van a responderles a Biden y al papa Francisco, según lo que este último dio a conocer a través del nuncio apostólico, monseñor Montemayor, pues ambos pidieron mesura con la protesta social y respeto por los derechos humanos.

La ceguera de Duque es apenas comparable con su terquedad y arrogancia. No se ha dado cuenta de que todas esas excusas para enfrentarse neciamente a la CIDH no van a borrar el desprestigio que hoy sacude al Gobierno y para siempre a él personalmente. El problema no es si es o no vinculante el informe de la CIDH, si pueden o no demandar al país, o si el gobierno seguirá con su cuento estúpido de que todo bloqueo es delito. La cosa es más seria.

Duque no se atreverá a acatar la sensata recomendación de sacar la Policía del Ministerio de Defensa y menos de nombrar un director civil, porque está preso de la intolerancia propia y la de su partido. Por detalles como esos, en lo que resta de su nefasto período tendrá que padecer el estigma de ser un mandatario que ultraja los derechos humanos de sus conciudadanos, a pesar de que explique las mismas tesis contradictorias que ha soltado por estos días de efímero esplendor como gobernante, aplaudido por la mayoría de medios cómplices. Ese reinado está por finalizar, por fortuna.

Pero cuando sea expresidente y se desplace al extranjero a una conferencia o simplemente al ir por las calles, tendrá que enfrentar el repudio de organizaciones y defensores de derechos humanos que siempre le estarán recordando que presidió un régimen que asesinó, hirió y desapareció a la población civil que protestó contra sus políticas y decisiones, y, además, nunca le perdonarán haberse estrellado contra la CIDH como sus pares Maduro, Chávez y Ortega.

Esa deshonra no la purga el tiempo; por el contrario, crece y se agrava, porque para entonces ya esos medios arrodillados de hoy estarán aquerenciando a otro que ojalá no sucumba como Duque a la tentación de creer que su mandato es vitalicio.

Adenda. Militares colombianos en retiro involucrados en el asesinato del presidente de Haití es un hecho gravísimo que aquí debe ser investigado. Claro, si hubiera Fiscalía.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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