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Misterios oficiales

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Ramiro Bejarano Guzmán
24 de mayo de 2008 - 06:54 a. m.
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EN VEZ DE INCOMODARLE, EL GOBIerno disfruta de su belicosidad. Por eso la Casa de Nariño es una oficina de tinterillos dedicados a sostener las más absurdas tesis.

No lo digo solamente por el caso de la Yidispolítica, en el que están sindicados el presidente Uribe, el ministro Diego Palacio, el embajador Sabas Pretelt, los ex parlamentarios Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, el ex secretario de la Presidencia Alberto Velásquez, todos defendiéndose patas arriba, como los gatos.

Lo afirmo, porque es bueno que la opinión pública se entere de que cuando alguien que no es merecedor de los aplausos oficiales formula una petición al alto gobierno —como le ocurre a este columnista— el sanedrín palaciego asume el sucio encargo de que todo se oculte.

Desde octubre del año anterior se difundió la noticia de que en la cárcel de Itagüí el detenido “Tasmania” daba cuenta de que supuestamente estaba siendo presionado por un magistrado auxiliar de la Corte para que declarara contra el Presidente, involucrándolo en algún crimen. Los medios informaron que “Tasmania” había enviado una carta a Uribe poniéndolo al tanto del supuesto complot, la cual fue publicada sin que en ella se advirtiera que había salido legalmente de la prisión.

Como me pareció al menos original que todo un mandatario pudiese enterarse con tanta facilidad de una historia relatada por un preso, me di a la tarea de presentar sendas peticiones a diferentes funcionarios, con el fin de establecer cómo había llegado la carta de “Tasmania” a la casa de gobierno y cómo se enteraron el Presidente y su cohorte de la supuesta conspiración.

Atérrense. Desde noviembre de 2007 he tenido que formular sendas peticiones a Uribe, a su Secretario General, al DAS, al Inpec, sin que hasta la presente haya podido desentrañar el enigma.

Pero no fueron suficientes mis peticiones, pues fue necesario promover varios recursos de insistencia y, como si fuera poco, interponer dos tutelas, una contra el secretario general, Bernardo Moreno, y otra contra el director del Inpec, Eduardo Morales, para que terminaran respondiendo a medias lo que ingenuamente supuse era una información fácil de suministrar.

Después de muchas vueltas y de trámites judiciales, lo que he podido establecer, a cuenta gotas, es que a la pregunta de quién lo enteró de las acusaciones de “Tasmania”, Bernardo Moreno, el poderoso funcionario que maneja la secretaría en Palacio, respondió que “no puedo afirmar con certeza quién, toda vez que fue por vía telefónica”.

Raro que en el gobierno de la seguridad democrática, donde para hablar con los hombres del Presidente hay que identificar hasta el ADN, alguien vinculado con “Tasmania” logre comunicación telefónica con el esquivo Secretario de la Presidencia  para advertirle de un supuesto complot contra su jefe, pero que quien recibe tan delicada llamada no sepa con quién habla.

Tanta preocupación para responder lo obvio sugiere que esto apenas comienza. Hace falta saber, por ejemplo, por qué “Tasmania” —quien no está vinculado al proceso de paz con los paramilitares—, en octubre del año anterior, por la misma época en la que estalló el escándalo, fue trasladado al patio donde están recluidos los jefes paramilitares, por razones de seguridad, según lo reveló entre líneas el director del Inpec. No se olvide que en ese sitio los reclusos gozan de comodidades.

Insólito que el Gobierno que se ufana de que puede decir en público lo que habla en privado, a la hora de ciertos temas quede ciego, sordo y mudo.

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Addenda.- Sospechoso que el Ministro de Agricultura vea la farcpolítica como la oportunidad para aniquilar al Polo Democrático. Si en este litigio la Fiscalía de Iguarán es capaz de encontrar al otrora contertulio de Raúl Reyes, el ministro Juan Manuel Santos, entonces sabremos que sí hubo justicia, como lo deseamos todos; si no, ya no habrá duda de que este ruido fue otra cortina de humo para tapar la parayidispolítica que tanto asusta al Gobierno.

 

notasdebuhardilla@hotmail.com

 

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