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Notas de buhardilla

Noche de euforia

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Ramiro Bejarano Guzmán
28 de junio de 2026 - 05:06 a. m.
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No se había visto en la vida republicana una celebración más estridente que la que ejecutó el presidente electo el pasado domingo, en la “Ventana del Mundo” en Barranquilla. Algunos dirán que esos son detalles explicables en quien cree que esa es la más genuina expresión del alma caribe. “El estilo es el hombre”, sentenció Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, frase inolvidable que muchos se disputan y a la que en el cuatrienio que se avecina vamos a tener que habituarnos para honrar los excesos, rituales y hábitos del futuro mandatario.

A quienes creen que las nuevas posturas de Abelardo se ven conciliadoras, o no lo conocen o están pensando con el deseo. La intervención del domingo fue contradictoria, porque si bien es cierto que el candidato triunfante afirmó que no había vencedores ni vencidos, que había terminado la campaña y que no distinguía enemigos en la democracia, lo cierto es que no finalizó la extenuante y aburrida perorata para dejar sembrados dardos e inquietudes que no se resolverán muy pronto, como los lanzados a Petro y Cepeda. Por ejemplo, De la Espriella dice estar jugado con apoyar a militares y policías, empezando por los reservistas y retirados, muchos de los cuales serán reincorporados al servicio y a otros les asignarán tareas de seguridad e inteligencia urbana, en esa confusa fórmula de revivir lo más parecido al nefasto experimento de los informantes que se concibieron durante las épocas de la seguridad democrática, que no trajeron ni orden ni paz.

Claro, por estos días estamos en los gozosos. Todos los partidarios de Abelardo tienen complejo de Adán, porque con no disimulada soberbia creen que van a llegar a hacer una administración histórica, sin problemas, en paz, sin corrupción, y sobre todo ignorando que casi trece millones de colombianos votaron en su contra. No están ni tibios si creen que esto será tan fácil como brincar y gritar en carnavales, en medio de un público excitado con los juegos pirotécnicos. El alborozo tiene la desgracia de ser pasajero y engañoso porque hace creer que durará para siempre.

El Congreso en el que el abelardismo no tendrá mayorías, muy pronto estará al servicio del gobierno. Muy pocos parlamentarios se resisten al verano de asomarse a un cuatrienio sin tener presencia en la nómina oficial. Allá llegarán mansitos, dispuestos a colaborar y a marchar al lado del nuevo régimen y, como siempre, habrá una coalición que se apoderará hasta del aire. Lo primero que harán será nombrar como contralor a quien no estorbe y esté dispuesto a destapar las ollas podridas del petrismo.

Las Altas Cortes, excluidas con torpeza y brusquedad en el gobierno Petro, ya recibieron una primera visita de Abelardo, y, exceptuando la JEP —grosera y deslealmente omitida de ese encuentro a sabiendas de que el próximo régimen se propone eliminarla—, estarán complacidas de que regresen los tiempos de tomar cafecito en el palacio presidencial, al que asistirán muy majos y muy tiesos a la imperdible cita con quien se jurarán promesas para reformar a su amaño la justicia, o para que el presidente se comprometa a inaugurarles los numerosos y nada económicos encuentros de las distintas jurisdicciones. El Gobierno arranca sin fiscal de bolsillo, y en dos años tendrá que llegar alguien que entienda y trabaje para el abelardismo, y para eso nadie mejor que la incorregible y ambiciosa alta funcionaria que anda promocionándose muy “calladita”. Esa es otra debilidad de quienes creen que, regresando a las castas del poder presidencial, encarcelarán a todos sus contradictores y pondrán el aparato judicial a su servicio para perseguir y ponerse a salvo, porque se creen con derecho perpetuo a seguir gozando de la impunidad vitalicia que les permite apropiarse de jugosos bienes a través entidades de “Panamá Papers”.

Quedan los inefables gobernadores y alcaldes, muchos de los cuales calculadamente se trasladaron antes de las elecciones a las hordas abelardistas, como Dilian Francisca Toro o Andrés Julián Rendón, mandatarios en el Valle del Cauca y Antioquia; o Alejandro Eder, Fico Gutiérrez y Alejandro Char, burgomaestres en Cali, Medellín y Barranquilla. Ya se verá si sus prolongadas vidas políticas les alcanzan para arrepentirse o para volverse a acomodar, en lo que son expertos.

El espectáculo apenas se inicia.

Adenda. El tiempo terminó concediéndonos la razón a quienes desde el día uno expresamos reparos al delictuoso proceso de la “Paz Total” tramitado en el Gobierno del M-19.

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