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¿Qué irá a ser de la vida del presidente Petro a partir del próximo 7 de agosto, cuando termine su disparatado gobierno y ya no cuente con el oropel siempre efímero del poder? Ni él lo sabe. Tendrá un cuerpo de escoltas como todos los expresidentes, pero sus órdenes no serán oídas en esa cueva de la Unidad Nacional de Protección, ni en la otra trinchera del sistema de medios públicos, radio y televisión, de lo que han abusado a la usanza de las dictaduras.
No faltará quien le sople al oído de Petro que no se preocupe porque, aunque no pueda hacer presencia en restaurantes o sitios de esparcimiento a los que van a divertirse esos millones de colombianos que él decidió detestar y a los que ha perseguido inclementemente, de todas maneras, lo aplaudirán los desposeídos y olvidados de todos los gobiernos. Muy pronto, cuando Petro pise de nuevo al pavimento bogotano, se dará cuenta de que tampoco en ese universo de compatriotas que él cree que sacó de la pobreza lo querrán tener de su lado, porque para entonces habrán comprendido que, a pesar del incremento del salario mínimo con el que cerró el 2025, seguirán siendo menesterosos.
El mal que quedará de ese instante luminoso pero pasajero del incremento del salario mínimo, por encima inclusive del porcentaje que pidieron las centrales obreras, no será reparado fácilmente. Todos los expertos economistas, no obstante sus farragosas explicaciones y confusos cálculos, vaticinan un porvenir lleno de penurias para las empresas, la confianza inversionista y el creciente desempleo. Ni siquiera si el sucesor de Petro llegare a ser Cepeda, la carga del desprestigio de los que se irán con él se superaría, entre otras cosas porque si así fuere va a llegar el día en el que necesariamente tendría que ponerle espejo retrovisor, tal y como lo ha hecho Petro durante todos estos años, como tabla de salvación para justificar sus disparates y delirios totalitarios.
No hubo un solo 31 de diciembre que Petro lo hubiere pasado en paz, ni tampoco los colombianos. Cada fin de año fue peor que el anterior, y en especial este último que acaba de vivir con sus lazos familiares comprometidos, incluido con su exesposa y uno de sus hijos en la temida lista Clinton. Su gobierno fue pugnaz y tenso desde el primer día, como cuando en presencia de los mandatarios y personalidades que lo acompañaron a su posesión suspendió la ceremonia para que le trajeran la espada de Bolívar que torpemente el perseguidor ex subpresidente Duque, con notoria mezquindad y marrullería, intentó escondérsela. Ni siquiera perduró ese instante que emocionó a quienes todavía soñaban con las transformaciones que se venían con Petro, porque su administración dejó al descubierto su incompetencia mientras creció la corrupción que habían prometido erradicar.
No alegra pensarlo, pero es muy seguro que este 1 de enero, en la apabullante soledad del poder, Petro haya concluido que todo le salió mal. No hubo una sola buena gestión inolvidable. Empezando por la convocatoria de la asamblea constituyente que pretende que funcione cuando ya él no esté en el poder, porque ha sido tal el daño infringido a las instituciones que también desprestigió este formidable instrumento para reformar la constitución, pues lo utilizó para asustar y matar las ilusiones. Haciendo el balance tendrá que aceptar que peleó con todo el mundo, inclusive con quienes todavía permanecen a su lado temerosos de que en uno de estos días que restan de mandato los expulse de su entorno. Esos fieles escuderos —todos indignos— lo estarán acompañando unos días más en agosto y luego pondrán los pies en polvorosa porque no querrán participar de lo que será ese infierno de la vida como expresidente.
Los pocos días que faltan para que Petro salga del poder se le harán eternos a él, a su familia y a esa cohorte de ineptos y lisonjeros que lo siguen acompañando en el ocaso de su gobierno. Este 1 de enero debieron recapacitar sobre lo que han sido estos cuatro años, o mejor, sobre lo que no fueron, y entonces les pesará haber desperdiciado tan jugosa oportunidad que les concedió la democracia de haberle servido a la nación y de haber pasado a la historia con los ojos abiertos.
Adenda No 1. Increíble que ningún ministro haya atendido la citación al control político del Senado al decreto de emergencia económica.
Adenda No 2. ¿Cómo supo Petro que la fábrica de coca en Barquisimeto (Venezuela), bombardeada por los americanos, era del ELN?
